Sira
Poeta fiel al portal
El abismo y su reflejo
Así como se apagaron mis sueños
se apagó también el fulgor de los astros.
Me ciño los brazos en torno al cuerpo
con los abismos de mi interior abiertos,
bien abiertos: siempre ominosos,
siempre insondables e inmensos.
Siempre expectantes y sedientos de sangre.
Como abisales pozos de recuerdos pasados.
Latentes. Inertes. Tan sólo aguardando
ese gran y definitivo paso en falso.
Aquel que pondrá fin a esta comedia;
a esta farsa de maltrechos caballeros
andantes y arteras, compungidas princesas
que, susurrando ponzoñosos cánticos
invocan, sin tregua, gestas gloriosas
y sueños vedados con ojos tan brillantes
como las mismísimas estrellas.
Con acento sublime y candor aterciopelado;
tan acariciante como sus falsas promesas.
Fútiles esperanzas, todas ellas.
Inútiles e ilusorios cantos
de amor eterno y subyugado.
Amor caduco. Amor malogrado.
Así como se apagaron mis sueños
se apagó también el fulgor de los astros.
Me ciño los brazos en torno al cuerpo
con los abismos de mi interior abiertos,
bien abiertos: siempre ominosos,
siempre insondables e inmensos.
Siempre expectantes y sedientos de sangre.
Como abisales pozos de recuerdos pasados.
Latentes. Inertes. Tan sólo aguardando
ese gran y definitivo paso en falso.
Aquel que pondrá fin a esta comedia;
a esta farsa de maltrechos caballeros
andantes y arteras, compungidas princesas
que, susurrando ponzoñosos cánticos
invocan, sin tregua, gestas gloriosas
y sueños vedados con ojos tan brillantes
como las mismísimas estrellas.
Con acento sublime y candor aterciopelado;
tan acariciante como sus falsas promesas.
Fútiles esperanzas, todas ellas.
Inútiles e ilusorios cantos
de amor eterno y subyugado.
Amor caduco. Amor malogrado.
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