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El abuelo y el burrito Lucero (Imagen nº 7/ Noviembre 2017)

Acnamalas

Poeta que considera el portal su segunda casa
nov7.jpg
Buenos tardes grandes y pequeños,
jóvenes, niñas y niños.
Hoy toca el cuento del abuelo y Lucero.
Es el cuento del compañerismo y del amor,
el cuento de un mismo sentimiento,
el cuento de dos grandes amigos
el abuelo y el burrito Lucero.
En la madrugada van despacio a las tareas del campo,
en seguida, tienen que marchar al mercado.
El abuelo por lo bajo canta y canta,
Lucero inclina las orejas, escucha y calla.
El abuelo poco a poco enmudece su cantar
y, al silencio del abuelo se une el canto de Lucero.
Como no le gusta nada de nada el sonido del silencio,
Lucero rebuzna muy fuerte y contento.

El abuelo conversa con Lucero.
Feliz te encuentro hoy amigo de mi tiempo,
primero recolectamos el huerto,
después, andando ligeros vamos al mercado a venderlo.
Lucero, si pronto liquidamos todo
hay que comprar los caramelos a mis nietos,
ellos esperan deseosos de comerlos.
Lucero, hoy les damos unos pocos
y, mañana repartimos otros pocos caramelos
para que su alegría dure más y más días,
hasta la próxima vuelta al mercado,
ya sabes Lucero, es una vez a la semana
y, el sábado es el día señalado.

¿Los ves, Lucero? ¿Ves a mis nietos?
Nos están esperando sentados al lado del fresno.
Ahora, les gastamos una pequeña broma,
les digo que no tenemos caramelos,
que no hemos podido comprarlos,
que el comercio estaba cerrado.

Corriendo felices llegan los nietos.

Cuidado Lucero, pon cara de pena
que no vean les estamos mintiendo.
No he encontrado vuestros caramelos,
nietos míos, ¡Cuánto lo siento!

Abuelo, yo quería los grandes de chocolate,
y yo abuelo, los pequeños de naranja y limón,
abuelo a mi, una mezcla de todos
que para eso soy el más alto y el mayor.

No hay caramelos nietos de mi corazón,
hasta el próximo sábado que los multiplicaré por dos.

Se quedan tristes los niños
y Lucero rebuzna inquieto,
el abuelo compadecido
les da a todos sus caramelos.

Mis queridos nietos, ningún sábado ha faltado
vuestro abuelo con los caramelos,
es una promesa
que cumplí en años pasados
y cumpliré en años venideros.
Vuestra vida con un poco de dulzor es mejor,
la mía en contemplaros es superior
y, Lucero por transportarlos se siente el más veloz.

Ha terminado el relato del abuelo y Lucero,
tras la caminata, la cena y llenar la panza
se sientan a descansar y platicar la jornada.
Es tarde Lucero, me levanto y me voy a la cama,
descansa buen amigo, hasta mañana.


Autora: María Cruz Pérez Moreno -acnamalas-
Derechos de autor reservados.
07/11/2017 Madrid. España.
 

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Buenos tardes grandes y pequeños,
jóvenes, niñas y niños,
Hoy toca el cuento del Abuelo y Lucero.
Es el cuento del compañerismo y del amor,
el cuento de un mismo sentimiento,
el cuento de dos grandes amigos
el Abuelo y el burrito Lucero.

En la madrugada van despacio a las tareas del campo,
en seguida, tienen que marchar al mercado.
El Abuelo por lo bajo canta y canta,
Lucero inclina las orejas, escucha y calla.
El abuelo poco a poco enmudece su cantar
y, al silencio del abuelo se une el canto de Lucero.
Como no le gusta nada de nada el sonido del silencio,
Lucero rebuzna muy fuerte y contento.

El abuelo conversa con Lucero.
Feliz te encuentro hoy amigo de mi tiempo,
primero nos toca recolectar el huerto,
después, andando ligeros vamos al mercado a venderlo.
Lucero, si pronto liquidamos todo
hay que comprar los caramelos a mis nietos,
ellos esperan deseosos de comerlos.
Lucero, hoy les damos unos pocos
y, mañana repartimos otros pocos caramelos
para que su alegría dure más y más días,
hasta la próxima vuelta al mercado,
ya sabes Lucero, es una vez a la semana
y, el sábado es el día señalado.

¿Los ves, Lucero? ¿Ves a mis nietos?
Nos están esperando sentados al lado del fresno.
Ahora, les gastamos una pequeña broma,
les digo que no tenemos caramelos,
que no hemos podido comprarlos,
que el comercio estaba cerrado.

Corriendo felices llegan los nietos.

Cuidado Lucero, pon cara de pena
que no vean les estamos mintiendo.
No he encontrado vuestros caramelos,
nietos míos, ¡Cuánto lo siento!

Abuelo, yo quería los grandes de chocolate,
y yo abuelo, los pequeños de naranja y limón,
abuelo a mi, una mezcla de todos
que para eso soy el más alto y el mayor.

No hay caramelos nietos de mi corazón,
hasta el próximo sábado que los multiplicaré por dos.

Se quedan tristes los niños
y Lucero rebuzna inquieto,
el abuelo compadecido
les da a todos sus caramelos.

Mis queridos nietos, ningún sábado ha faltado
vuestro abuelo con los caramelos,
es una promesa
que cumplí en años pasados
y cumpliré en años venideros.
Vuestra vida con un poco de dulzor es mejor,
la mía en contemplaros es superior
y, Lucero por transportarlos se siente el más veloz.

Ha terminado el relato del Abuelo y Lucero,
tras la caminata, la cena y llenar la panza
se sientan a descansar y platicar la jornada.
Es tarde Lucero, me levanto y me voy a la cama,
descansa buen amigo, hasta mañana.


Autora: María Cruz Pérez Moreno -acnamalas-
Derechos de autor reservados.
07/11/2017 Madrid. España.
Un dulce relato poetizado, bella relacion del
abuelo con ese ejemplar animal, ellos amigos
de correrias y satisfacciones de vida, hablan y
se entienden en esos reflejos de amor.
felicidades. me parece magico. saludos amables
de luzyabsenta
 
Un dulce relato poetizado, bella relacion del
abuelo con ese ejemplar animal, ellos amigos
de correrias y satisfacciones de vida, hablan y
se entienden en esos reflejos de amor.
felicidades. me parece magico. saludos amables
de luzyabsenta
Gracias por las palabras, este cuento me recuerda a mi abuelo y sus caramelos. Saludos.
 
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Buenos tardes grandes y pequeños,
jóvenes, niñas y niños,
Hoy toca el cuento del Abuelo y Lucero.
Es el cuento del compañerismo y del amor,
el cuento de un mismo sentimiento,
el cuento de dos grandes amigos
el Abuelo y el burrito Lucero.

En la madrugada van despacio a las tareas del campo,
en seguida, tienen que marchar al mercado.
El Abuelo por lo bajo canta y canta,
Lucero inclina las orejas, escucha y calla.
El abuelo poco a poco enmudece su cantar
y, al silencio del abuelo se une el canto de Lucero.
Como no le gusta nada de nada el sonido del silencio,
Lucero rebuzna muy fuerte y contento.

El abuelo conversa con Lucero.
Feliz te encuentro hoy amigo de mi tiempo,
primero nos toca recolectar el huerto,
después, andando ligeros vamos al mercado a venderlo.
Lucero, si pronto liquidamos todo
hay que comprar los caramelos a mis nietos,
ellos esperan deseosos de comerlos.
Lucero, hoy les damos unos pocos
y, mañana repartimos otros pocos caramelos
para que su alegría dure más y más días,
hasta la próxima vuelta al mercado,
ya sabes Lucero, es una vez a la semana
y, el sábado es el día señalado.

¿Los ves, Lucero? ¿Ves a mis nietos?
Nos están esperando sentados al lado del fresno.
Ahora, les gastamos una pequeña broma,
les digo que no tenemos caramelos,
que no hemos podido comprarlos,
que el comercio estaba cerrado.

Corriendo felices llegan los nietos.

Cuidado Lucero, pon cara de pena
que no vean les estamos mintiendo.
No he encontrado vuestros caramelos,
nietos míos, ¡Cuánto lo siento!

Abuelo, yo quería los grandes de chocolate,
y yo abuelo, los pequeños de naranja y limón,
abuelo a mi, una mezcla de todos
que para eso soy el más alto y el mayor.

No hay caramelos nietos de mi corazón,
hasta el próximo sábado que los multiplicaré por dos.

Se quedan tristes los niños
y Lucero rebuzna inquieto,
el abuelo compadecido
les da a todos sus caramelos.

Mis queridos nietos, ningún sábado ha faltado
vuestro abuelo con los caramelos,
es una promesa
que cumplí en años pasados
y cumpliré en años venideros.
Vuestra vida con un poco de dulzor es mejor,
la mía en contemplaros es superior
y, Lucero por transportarlos se siente el más veloz.

Ha terminado el relato del Abuelo y Lucero,
tras la caminata, la cena y llenar la panza
se sientan a descansar y platicar la jornada.
Es tarde Lucero, me levanto y me voy a la cama,
descansa buen amigo, hasta mañana.


Autora: María Cruz Pérez Moreno -acnamalas-
Derechos de autor reservados.
07/11/2017 Madrid. España.

Precioso y tierno cuento, el Abuelo y Lucero el burrito, dos ejemplares únicos que enternecen el corazón y miman a los nietos, como tiene que ser. Un beso María Cruz. José I.
 

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