En el plateado lago acuoso de una aurora pálida como la muerte,se refleja la imagen gloriosa del dios de las virtudes y los vicios.Siempre presto a sembrar en los corazones de los nenúfares bien despiertos el rocío negro que quema como la cal ardiente.Entonces,es cuando el agua se enturbia y hierve sin cesar mientras un bello cisne reclina su majestuosa testa sobre su inmaculado plumaje para salvar de la salvaje quemazón su belleza impoluta.Mas hay en el ribazo que lleva a la brumosa perdición un mortal lacerado por las heridas sangrantes de tal calamitosa lluvia:su nombre es olvido y su semblante arrepentimiento.Grazna como el negro cuervo,y observa con sus grises ojos agudos como el buitre borracho de henchida vil carroña.No se mueve:se mantiene sentado sobre una piedra milenaria pensativo...a la espera de la noche que ha de cicatrizar con su frescor de ténebre bruma invernal las cicatrices aún sin supurar del rancio día anterior.