El águila de batientes alas de cristal,emprende el severo vuelo hacia un sol de inconfundible radiación ultravioleta.Aquel no se amilana;y planea como un ángel inmaculado de centella roja como la sangre que baja a raudales por el río de las murmuraciones secretas.Cuando ya está presto a fundirse con el eterno astro rey,un graznido salvaje de alimaña serpentea por el horizonte cadavérico.Donde cuelgan ya los nombres sagrados de los mortales ahorcados en cruel soga embadurnada de aceite virgen.Entonces,nuestra mayestática ave de rapiña,se transfigura en una estrella vespertina;dispuesta a ofrecer con su luz mortecina;y una vez caída la sacrílega baldosa de la noche,el fehaciente regalo de un fetiche de oro que levita siniestro,entre las nubes salvajes de oropel rasgado por la primera puta que caerá irremediable en maldita y cruel descomposición.