Daniela Albasini
Poeta asiduo al portal
Una densa y tibia bruma nocturna
se aproxima lentamente a mi ventana,
el tiempo cadencioso y tardo de la noche
va dejando paso al discurrir de la mañana.
Un fresco murmullo del viento y de la brisa,
invade los rincones profundos de la villa,
inunda los jardines, se asoma a los balcones,
se expande y despereza por todos los rincones.
Un olor a salitre, ozonoso y yodado
satisface sus ansias de expansión vital
y a todos los seres que en su camino encuentra
atrapa en su aroma primitivo, ancestral.
Una perezosa gaviota surca pesadamente la arena,
entre rastros y huellas enmarañados busca alimento,
algún rastro que encontrara le resulta familiar,
la gaviota se detiene y deja el tiempo pasar, pensativa.
Una niña morena, de lenta y suave piel oscura,
se acerca a la orilla serena de las aguas,
consiente en que el mar roce amoroso sus plantas,
lo mira insistente, lo acaricia, le habla...
se aproxima lentamente a mi ventana,
el tiempo cadencioso y tardo de la noche
va dejando paso al discurrir de la mañana.
Un fresco murmullo del viento y de la brisa,
invade los rincones profundos de la villa,
inunda los jardines, se asoma a los balcones,
se expande y despereza por todos los rincones.
Un olor a salitre, ozonoso y yodado
satisface sus ansias de expansión vital
y a todos los seres que en su camino encuentra
atrapa en su aroma primitivo, ancestral.
Una perezosa gaviota surca pesadamente la arena,
entre rastros y huellas enmarañados busca alimento,
algún rastro que encontrara le resulta familiar,
la gaviota se detiene y deja el tiempo pasar, pensativa.
Una niña morena, de lenta y suave piel oscura,
se acerca a la orilla serena de las aguas,
consiente en que el mar roce amoroso sus plantas,
lo mira insistente, lo acaricia, le habla...