licprof
Poeta fiel al portal
en las turbias cocinas, o quizàs en un catre infecto, allì
hacìamos el amor, en los espacios màs frecuentemente sòrdidos
repletos de toda clase de agujeros, desgastes, pañales,
en las oscuras habitaciones se desenvolvìan nuestros ensueños
nuestras ensoñaciones desarrollaban su paño, su tristeza
eso no nos impedìa reir a carcajadas
mientras acariciabas una escoba, una cacerola blandìas abollada
y sobre todo muerta, como fantasmas, como alegres congèneres:
si te he visto no me acuerdo o sì me acuerdo perfectamente, por desgracia ...
los cuartos en penumbra continuaban su existencia màs o menos atroz,
vagamente inconsulta: como en un concierto de besos, una armonìa de aromas
los menage a trois, ocasionalmente abonados, obviamente,
las vanas orgìas diminutas, minùsculas, transcurriendo en microscòpicas habitaciones
màs parecidas a hormigueros en los cuales fungìas como reina, como vedette
o tal vez, la sucia sala de espera, mirando televisiòn, programas infinitamente
estùpidos, en los cuales no se aprendìa nada sino cinismo y cràpula
cuando se podìa hacer en ese tiempo un curso completo de marxismo
de revoluciòn, dictadura del proletariado, plusvalìa y otras entelequias
o sino kant y sus categorìas, sus apriorismos desinteresados
mientras espero a la dama en cuestiòn, un libro de bolsillo,
me toma de la mano y paso sin discusiòn de kant a un cuarto oscuro
en el que no se vota nada sino màs bien se coge
o tal vez sì se elige pero determinadas posiciones, determinados desencuentros
se compra toda clase de mercancìas y alimentos
en el carrefour màs cercano al domicilio: pero tambièn en el macdonalds
a la vuelta del prostìbulo (hola, sì, con el prostìbulo?) besos y cafè con leche,
una mirada, una sonrisa y salimos juntos del local, sin conocernos
pero sonrientes, rumbo al amor, rumbo al dolor
y rumbo al hotel màs cercano
cuya cama suele ser redonda como una mesa
y gira sobre un eje, rota
como el tiempo
como el dolor
como algunos de tus huesos
como una rueda de un carro
cuya madera està totalmente podrida
hacìamos el amor, en los espacios màs frecuentemente sòrdidos
repletos de toda clase de agujeros, desgastes, pañales,
en las oscuras habitaciones se desenvolvìan nuestros ensueños
nuestras ensoñaciones desarrollaban su paño, su tristeza
eso no nos impedìa reir a carcajadas
mientras acariciabas una escoba, una cacerola blandìas abollada
y sobre todo muerta, como fantasmas, como alegres congèneres:
si te he visto no me acuerdo o sì me acuerdo perfectamente, por desgracia ...
los cuartos en penumbra continuaban su existencia màs o menos atroz,
vagamente inconsulta: como en un concierto de besos, una armonìa de aromas
los menage a trois, ocasionalmente abonados, obviamente,
las vanas orgìas diminutas, minùsculas, transcurriendo en microscòpicas habitaciones
màs parecidas a hormigueros en los cuales fungìas como reina, como vedette
o tal vez, la sucia sala de espera, mirando televisiòn, programas infinitamente
estùpidos, en los cuales no se aprendìa nada sino cinismo y cràpula
cuando se podìa hacer en ese tiempo un curso completo de marxismo
de revoluciòn, dictadura del proletariado, plusvalìa y otras entelequias
o sino kant y sus categorìas, sus apriorismos desinteresados
mientras espero a la dama en cuestiòn, un libro de bolsillo,
me toma de la mano y paso sin discusiòn de kant a un cuarto oscuro
en el que no se vota nada sino màs bien se coge
o tal vez sì se elige pero determinadas posiciones, determinados desencuentros
se compra toda clase de mercancìas y alimentos
en el carrefour màs cercano al domicilio: pero tambièn en el macdonalds
a la vuelta del prostìbulo (hola, sì, con el prostìbulo?) besos y cafè con leche,
una mirada, una sonrisa y salimos juntos del local, sin conocernos
pero sonrientes, rumbo al amor, rumbo al dolor
y rumbo al hotel màs cercano
cuya cama suele ser redonda como una mesa
y gira sobre un eje, rota
como el tiempo
como el dolor
como algunos de tus huesos
como una rueda de un carro
cuya madera està totalmente podrida