No hay cielo que limite lo que siento,
ni abismo que lo encierre en sus cadenas;
mi amor se alza en sublime monumento,
más grande que la vida y que las penas.
Es llama que no muere ni se extingue,
un río que jamás se desvanece,
un canto que en la eternidad distingue
la voz que en tu silencio permanece.
Si el universo entero se apagara,
si el tiempo se detuviera en su camino,
mi amor sería la luz que no acabara,
la brújula inmortal de tu destino.
Y así, cuando la nada nos encumbre,
cuando el polvo regrese al polvo mismo,
el infinito al fin pronuncie un nombre:
el tuyo y el mío, unidos sin abismo.
Porque amar es vencer lo perecedero,
romper las leyes frías de la muerte,
y hallarnos en un beso verdadero
que nunca tendrá fin será más fuerte.
ni abismo que lo encierre en sus cadenas;
mi amor se alza en sublime monumento,
más grande que la vida y que las penas.
Es llama que no muere ni se extingue,
un río que jamás se desvanece,
un canto que en la eternidad distingue
la voz que en tu silencio permanece.
Si el universo entero se apagara,
si el tiempo se detuviera en su camino,
mi amor sería la luz que no acabara,
la brújula inmortal de tu destino.
Y así, cuando la nada nos encumbre,
cuando el polvo regrese al polvo mismo,
el infinito al fin pronuncie un nombre:
el tuyo y el mío, unidos sin abismo.
Porque amar es vencer lo perecedero,
romper las leyes frías de la muerte,
y hallarnos en un beso verdadero
que nunca tendrá fin será más fuerte.