jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
si ya se hubiera terminado este año
y ya no significaras nada para mí
si ya te hubiera olvidado y por lo tanto ya no me dolieras
-como si te hubieras muerto o desaparecido o emigrado a birmania-
si mañana pudiera despertarme y pensar en la factura del teléfono
o en qué pantalón ponerme o en aquella vez que me caí de la bicicleta
y no en el color de tus ojos o la forma de tu nariz
o en cómo será tu olor o qué estarás haciendo ahora
y por pensar en ti condenarme
a no poder ya salir de la cama porque tu recuerdo
me aplasta contra el colchón como si encima de mi estuviera
un camión o un edificio o un estadio de futbol
si nuestros caminos nunca se hubieran cruzado
y hoy yo no supiera nada de ti ni tuviera la menor idea
de que alguien como tú vive en la misma ciudad en que yo vivo
y mira con tus ojos y habla con tu boca y mata con tus ojos
a tipos que son como yo y sobre todo a los que son idénticos a mí
y camina con tus piernas y respira con tus pulmones y cuyo recuerdo
no aplasta a nadie por las mañanas contra el colchón excepto a mí
cuando despierto y lo primero que hago es ponerme a pensar en ti
en la última vez que te vi en cómo ibas vestida
y no en la factura del gas o en la conveniencia de irme de viaje
a cualquier lugar lejos de aquí de ser posible birmania
y quedarme una larga temporada allá y así dejar de verte
y empezar a olvidarte y empezar a curarme de ti
-como si te hubieras muerto o desaparecido o cambiado de sexo-
quedarme allá hasta que se acabe este maldito año
a ver si para entonces ya no significas nada para mí ni me dueles
ni dificultas mi respiración cada mañana haciéndome imposible
levantarme de la puta cama aplastándome los huesos
con la simple presión de tu recuerdo que a lo mejor
probablemente ya se hubiera esfumado de mi mente a estas alturas
si yo no me pusiera cada día como un idiota adolescente enamorado
a escribir estos cursis poemas de amor de los que a decir verdad
ya estoy empezando a hartarme
y ya no significaras nada para mí
si ya te hubiera olvidado y por lo tanto ya no me dolieras
-como si te hubieras muerto o desaparecido o emigrado a birmania-
si mañana pudiera despertarme y pensar en la factura del teléfono
o en qué pantalón ponerme o en aquella vez que me caí de la bicicleta
y no en el color de tus ojos o la forma de tu nariz
o en cómo será tu olor o qué estarás haciendo ahora
y por pensar en ti condenarme
a no poder ya salir de la cama porque tu recuerdo
me aplasta contra el colchón como si encima de mi estuviera
un camión o un edificio o un estadio de futbol
si nuestros caminos nunca se hubieran cruzado
y hoy yo no supiera nada de ti ni tuviera la menor idea
de que alguien como tú vive en la misma ciudad en que yo vivo
y mira con tus ojos y habla con tu boca y mata con tus ojos
a tipos que son como yo y sobre todo a los que son idénticos a mí
y camina con tus piernas y respira con tus pulmones y cuyo recuerdo
no aplasta a nadie por las mañanas contra el colchón excepto a mí
cuando despierto y lo primero que hago es ponerme a pensar en ti
en la última vez que te vi en cómo ibas vestida
y no en la factura del gas o en la conveniencia de irme de viaje
a cualquier lugar lejos de aquí de ser posible birmania
y quedarme una larga temporada allá y así dejar de verte
y empezar a olvidarte y empezar a curarme de ti
-como si te hubieras muerto o desaparecido o cambiado de sexo-
quedarme allá hasta que se acabe este maldito año
a ver si para entonces ya no significas nada para mí ni me dueles
ni dificultas mi respiración cada mañana haciéndome imposible
levantarme de la puta cama aplastándome los huesos
con la simple presión de tu recuerdo que a lo mejor
probablemente ya se hubiera esfumado de mi mente a estas alturas
si yo no me pusiera cada día como un idiota adolescente enamorado
a escribir estos cursis poemas de amor de los que a decir verdad
ya estoy empezando a hartarme