UCRONICO
Poeta recién llegado
El año que no tuvo primavera
sentimos congelarse la esperanza.
Dejamos nuestros sueños olvidados
en un lugar que ni la mente alcanza
a ver, lejano, ni a pensar siquiera.
Lloramos desolados.
Bandadas de indefensos pajarillos,
apenas por sus plumas abrigados,
cuando el día quería descansar,
ligeros y sencillos,
pintaban con su vuelo
sin retorno, descanso ni equipaje,
el plomo sin color del ancho cielo,
en busca de una rama en que plegar
sus alas al final del largo viaje.
Audaces, sin dudar,
en busca de regiones más templadas,
las aves migratorias abandonan
el nido cuando empiezan a volar
y esperan regresar al nido un día,
alegres y confiadas.
Pero los viejos cisnes cuando entonan
la bella melodía
apoteósica de su partida,
agitando las alas bruscamente
con furia inusitada y desmedida,
esperan con anhelo
alcanzar, finalmente,
su verdadera patria que es el cielo.
SIT TIBI, SIT SIBI TERRA LEVIS.
sentimos congelarse la esperanza.
Dejamos nuestros sueños olvidados
en un lugar que ni la mente alcanza
a ver, lejano, ni a pensar siquiera.
Lloramos desolados.
Bandadas de indefensos pajarillos,
apenas por sus plumas abrigados,
cuando el día quería descansar,
ligeros y sencillos,
pintaban con su vuelo
sin retorno, descanso ni equipaje,
el plomo sin color del ancho cielo,
en busca de una rama en que plegar
sus alas al final del largo viaje.
Audaces, sin dudar,
en busca de regiones más templadas,
las aves migratorias abandonan
el nido cuando empiezan a volar
y esperan regresar al nido un día,
alegres y confiadas.
Pero los viejos cisnes cuando entonan
la bella melodía
apoteósica de su partida,
agitando las alas bruscamente
con furia inusitada y desmedida,
esperan con anhelo
alcanzar, finalmente,
su verdadera patria que es el cielo.
SIT TIBI, SIT SIBI TERRA LEVIS.
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