El aprendiz de poeta

poetakabik

Poeta veterano en el portal
Mecenas
Aprendo a hablar con voces invisibles,
susurros que el origen deposita
en la raíz secreta de mi pecho,
donde la nada engendra su relato.

Allí, en la blanda luz del pensamiento,
la forma surge, tiembla y se sostiene,
como un latido antiguo que regresa
desde un lugar que habita entre los mundos.

No escribo yo: me escribe lo insondable.
Soy cauce de un rumor que me trasciende,
un puente entre el silencio y la palabra
por donde fluye el tiempo que no muere.

La métrica no es norma: es la memoria
de un orden que precede a los mortales,
un eco de armonías olvidadas
que el alma, al despertar, reconoce.

Versar es descender hacia uno mismo,
tocar el límite puro del asombro,
ver cómo en cada sílaba se esconde
la llave de lo eterno y lo posible.

Así, al pulir los bordes de un poema,
no busco la belleza, sino el pulso
que une mi voz al soplo que nos crea
y hace del universo un pensamiento.

Y es en la luz humilde del instante
cuando comprendo, al fin, que la poesía
no es arte, ni es oficio, ni es deseo:
es la forma en que Dios se hace palabra
para que el hombre aprenda a ser él mismo.
 
Aprendo a hablar con voces invisibles,
susurros que el origen deposita
en la raíz secreta de mi pecho,
donde la nada engendra su relato.

Allí, en la blanda luz del pensamiento,
la forma surge, tiembla y se sostiene,
como un latido antiguo que regresa
desde un lugar que habita entre los mundos.

No escribo yo: me escribe lo insondable.
Soy cauce de un rumor que me trasciende,
un puente entre el silencio y la palabra
por donde fluye el tiempo que no muere.

La métrica no es norma: es la memoria
de un orden que precede a los mortales,
un eco de armonías olvidadas
que el alma, al despertar, reconoce.

Versar es descender hacia uno mismo,
tocar el límite puro del asombro,
ver cómo en cada sílaba se esconde
la llave de lo eterno y lo posible.

Así, al pulir los bordes de un poema,
no busco la belleza, sino el pulso
que une mi voz al soplo que nos crea
y hace del universo un pensamiento.

Y es en la luz humilde del instante
cuando comprendo, al fin, que la poesía
no es arte, ni es oficio, ni es deseo:
es la forma en que Dios se hace palabra
para que el hombre aprenda a ser él mismo.
La escritura poética va más allá de ser una técnica, es una herramienta que permite al autor descubrir su esencia y transmitir verdades eternas.

Saludos
 

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