sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El árbitro de la poesía
que se fue del fútbol
para llegar a las letras
las tarjetas eran poemas de colores
si te enseñaba la amarilla es
que los textos se amonestarían
para que no hubiera puntazos
entre ellas
cuando se enseñaba la roja
era porque expulsaban a los acentos
por meterse entre las palabras
y estas gritaban
y pedían que se les ayudaran
para fabricar más letras
comas y puntos
eran las pausas
donde los paréntesis
eran el signo
de las barreras
y donde todo quedaba
en la especulación de las palabras
porque los poemas requerían
de un orden
y de unas pautas arbitrales
que no todo el mundo conocía
entonces llegan los malabares
y empieza el espectáculo
las faltas eran de las letras
que querían ofender
y los penaltis eran cuando chutabas
desde un punto a once metros
del arco que quedaba en las redes
cuando estas conseguían penetrar
en el gol
y así empezaron a llegar las idas y vueltas
letra que fuera limpia
es que no tenía porque eclipsar
a otras
las palabras estaban unidas
eran un equipo
en poesía
las gargantas de las aficiones
que eran las que sentían
que las jugadas eran goles
metidos en los libros de historia
de poesía
es una mezcla de que la literatura
se hacia fútbol
y así hasta encender la magia
de donde todo era un cálculo
de donde venía la magia
pues el balón de las palabras
eran las gotas que salían
al centro poético
y cuando se disponían
a sacar del centro
los banderines
eran las banderas
universales
de donde el poeta
llegaba a la línea de fondo
para que no hubiera fueras de juego
la poesía tenía literatura
y fútbol
ambas cosas mezcladas
eran el aroma
de una burbuja
en las hojas
es increíble
que un árbitro existiera
en un mundo editorial
buscando el nombre de las líneas
que son los márgenes
y en donde el árbitro da las pausas
y empiezan a correr las letras
es así cuando todo
se convertiría
en espectáculo,
las entradas eran los libros
cuando abrían sus taquillas
para encender a las editoriales
para que abran la magia
del poema
porque cuando las letras perdían
se te quedaba la cara
como a un poema.