Pinturicchio
Poeta recién llegado
Me he quedado maldito en el tiempo
distante de la sabiduría y de la cordialidad.
Alegre corro los senderos sin nadie,
roto por la verdad del viento.
Enseño a dos jóvenes a dar un beso
de movimiento sutil y celestino.
Hago señales a los autos
y ninguno me contesta.
En la tarde el sol desciende donde mismo,
nunca existió el infinito y la espera.
De momento en un edificio, en otro
sobre el tejado, después estallando sobre el piso.
Claro, sigo siendo el maldito que se detiene
a contemplar la lluvia correr sobre el jardín.
Y siguen aquellos jóvenes besándose
de a poco y una hoja seca los detiene.
Y el árbol, deja de dar aquellos frutos
sorprendido de su vejez.
distante de la sabiduría y de la cordialidad.
Alegre corro los senderos sin nadie,
roto por la verdad del viento.
Enseño a dos jóvenes a dar un beso
de movimiento sutil y celestino.
Hago señales a los autos
y ninguno me contesta.
En la tarde el sol desciende donde mismo,
nunca existió el infinito y la espera.
De momento en un edificio, en otro
sobre el tejado, después estallando sobre el piso.
Claro, sigo siendo el maldito que se detiene
a contemplar la lluvia correr sobre el jardín.
Y siguen aquellos jóvenes besándose
de a poco y una hoja seca los detiene.
Y el árbol, deja de dar aquellos frutos
sorprendido de su vejez.