Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
EL ARTE DEL DESMAYO
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Es el patrimonio, casi,
exclusivo y excluyente;
de las doloridas féminas,
de sus dolores dolientes.
Es el idioma más puro,
de un gran amor defraudado;
o que algo ha pasado oscuro,
por sus cristalinas vistas;
lo cual les ha causado,
una desdicha imprevista;
o una gran alegría,
que no tenían pensado.
Yo veo acongojado,
que esto ocurre diariamente;
si alguien acaramelado,
les susurra con dulzura;
en sus oídos sagrados,
las melodías corrientes.
… O si alguien ha improvisado,
un pensar diferente.
Y me doy cuenta siempre,
de un detalle destacable;
que se repite constante,
de una manera admirable.
No se si se han fijado,
si han estado conscientes;
que sus delicadas manos,
en dorso las llevan siempre;
con una gracia increíble,
a sus hermosas frentes.
Previamente acompañado,
de un dulce grito estridente;
delgado como la tela,
de una cebolla decente.
Pero también éste arte,
acompaña a algunos hombres.
No se si alguien pudiera,
darme algunos nombres.
En todos los años que llevo,
he escuchado éste rumor;
pero no he tenido la suerte,
de ver esto en acción.
Aunque el otro día ocurrió,
que en lo álgido del partido;
el cuerpo se me descoyuntó:
¡un golazo hizo mi equipo¡.
Pero saqué fuerzas de flaqueza,
pues estaba mi compadre;
y si caigo de cabeza,
quizá que piensa el cobarde.
Por eso no me desmayo,
es muy feo para mí.
Ese arte se lo dejo,
a las señoras que allí;
conversan muy cocorocas,
de los problemas de aquí.
Y también a las jovencitas,
que melodías escuchan,
que aturden sus corazones;
y que en mil castillos de rosas,
hacen sus ilusiones.
Ahora ya me retiro,
pues en diez minutos más;
en ese momento preciso,
me tengo que desmayar.
No soy muy puntual, se los digo,
puede ser antes o después;
de aquellos diez minutitos,
que arriba les mencioné.
Pero si en estos momentos,
sucede algo imprevisto;
el desmayo lo pospongo,
pues yo siempre estoy listo,
a atender lo importante;
Y que me perdone el desmayo,
que le haga éste desplante,
… ya vendrá la ocasión,
de practicar éste arte.
Pero una cosa les pido,
que no lo sepa mi compadre.
Esto es un secreto mío
y si él llegase a enterarse;
nuestra bonita amistad,
se pondrá chuta que arde.
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Es el patrimonio, casi,
exclusivo y excluyente;
de las doloridas féminas,
de sus dolores dolientes.
Es el idioma más puro,
de un gran amor defraudado;
o que algo ha pasado oscuro,
por sus cristalinas vistas;
lo cual les ha causado,
una desdicha imprevista;
o una gran alegría,
que no tenían pensado.
Yo veo acongojado,
que esto ocurre diariamente;
si alguien acaramelado,
les susurra con dulzura;
en sus oídos sagrados,
las melodías corrientes.
… O si alguien ha improvisado,
un pensar diferente.
Y me doy cuenta siempre,
de un detalle destacable;
que se repite constante,
de una manera admirable.
No se si se han fijado,
si han estado conscientes;
que sus delicadas manos,
en dorso las llevan siempre;
con una gracia increíble,
a sus hermosas frentes.
Previamente acompañado,
de un dulce grito estridente;
delgado como la tela,
de una cebolla decente.
Pero también éste arte,
acompaña a algunos hombres.
No se si alguien pudiera,
darme algunos nombres.
En todos los años que llevo,
he escuchado éste rumor;
pero no he tenido la suerte,
de ver esto en acción.
Aunque el otro día ocurrió,
que en lo álgido del partido;
el cuerpo se me descoyuntó:
¡un golazo hizo mi equipo¡.
Pero saqué fuerzas de flaqueza,
pues estaba mi compadre;
y si caigo de cabeza,
quizá que piensa el cobarde.
Por eso no me desmayo,
es muy feo para mí.
Ese arte se lo dejo,
a las señoras que allí;
conversan muy cocorocas,
de los problemas de aquí.
Y también a las jovencitas,
que melodías escuchan,
que aturden sus corazones;
y que en mil castillos de rosas,
hacen sus ilusiones.
Ahora ya me retiro,
pues en diez minutos más;
en ese momento preciso,
me tengo que desmayar.
No soy muy puntual, se los digo,
puede ser antes o después;
de aquellos diez minutitos,
que arriba les mencioné.
Pero si en estos momentos,
sucede algo imprevisto;
el desmayo lo pospongo,
pues yo siempre estoy listo,
a atender lo importante;
Y que me perdone el desmayo,
que le haga éste desplante,
… ya vendrá la ocasión,
de practicar éste arte.
Pero una cosa les pido,
que no lo sepa mi compadre.
Esto es un secreto mío
y si él llegase a enterarse;
nuestra bonita amistad,
se pondrá chuta que arde.
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