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El asesino escurridizo

lobo111

Poeta que considera el portal su segunda casa
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EL ASESINO ESCURRIDIZO
El asesinato de varios delincuentes y violadores bien conocidos en nuestros archivos policiales era la noticia preferida de las últimas semanas en la televisión y los diarios, el conocido como hombre-lobo había sido acreedor a su alias debido a que las victimas solían tener desgarrada la cara y parte del cuello a base de dentelladas de tamaño humano, a lo Anibal Leckter.

Todas, menos la última; mi compañero Elías había muerto acuchillado mientras perseguíamos al asesino tras haber matado a Charly, el violador enano, en la ocasión que estuvimos más cerca de capturarle.

Las pesquisas las dirigía yo, y lamentablemente nunca encontrábamos en nuestros archivos de ADN, el propietario de la saliva que habíamos analizado de nuestro cruel lobo, era como si siempre fuera un paso por delante de nosotros.

Mi nueva compañera Anita, se tomó desde el principio muy en serio su trabajo y volvió a buscar pistas en el piso de Elías, precisamente esa tarde me llamó a la comisaría para decirme que había encontrado algo y que si podía acudir al piso de Elías.

Allí llegué yo y Anita me informó de que bajo unas baldosas camuflado había encontrado una especie de diario de investigación de nuestro compañero; había empezado a leerlo y hacía hincapié en lo que ya sabíamos, la predilección en elegir victimas que de alguna manera habían quedado impunes de crímenes terribles.

A mí todo esto me afectaba de una manera muy especial desde que había perdido a mi mujer Sara tras un robo en nuestra casa, y una bestial masacre en su amado cuerpo que me hizo estar tres meses de baja; desde entonces me centraba cada vez más en mi trabajo, nunca se encontró a los culpables, pero se deducía claramente que eran ladrones profesionales y con gusto por la violencia.

Seguimos leyendo los apuntes; a Elías le sorprendía lo bien informado que estaba este asesino caníbal y en cierta manera “justiciero” que se encargaba de corregir lo que el consideraba errores judiciales, sabía los nombres de los violadores y asesinos, incluso sus costumbres y lugares cotidianos…Era como si dispusiera de información de primera mano.

Casi terminando el diario se hacía evidente que Elías, mi anterior compañero, había dado con la clave del asunto y que estaba escrito ahí mismo, lo íbamos a descubrir quizás al final del diario.

¿Quizás?. Nooo, seguro que sí. Yo ya sé quien es el hombre lobo, sé incluso cuando empezó a matar, fue tras morir Sara, mi amada esposa. Les busqué, les encontré y les arranque la yugular con mis dientes y gran satisfacción, se lo merecían como muchos más; después me aficioné, hice justicia; hasta que Elías…pobre Elías, terminó encontrando la verdad a pesar de todos mis esfuerzos por ocultarla desde mi puesto de inspector jefe, se puso en la línea de tiro solamente…Lo único que pude hacer por él, es no desfigurarle. Y ahora Anita también empieza a intuirlo, lo sé por los ojos que pone mientras me abalanzo sobre ella y le empiezo a devorar media cara inmisericorde…Debo seguir esta cruzada…Son bajas injustas e inocentes pero necesarias…Tan solo daño colateral.

Inspector Lobo
 
Última edición:
Gracias recién llegado y sin embargo hermano, seguiré intentando agradar a exquisitos paladares comno los vuestros
 
Hola, Lobo, buen intento de relato has hecho sobre un tema harto clásico, el del asesino jefe inspector.


abrazo
jorge
 
Última edición por un moderador:
Hola, Lobo, buen intento de relato has hecho sobre un tema harto clásico, el del asesino jefe inspector.

Te dejo una versión con sugerencias y comentarios. Entre corchetes lo que eliminaría, entre paréntesis lo que agregaría.

abrazo
jorge


EL ASESINO ESCURRIDIZO
El asesinato de varios delincuentes y violadores bien conocidos en nuestros archivos policiales era la noticia preferida de las últimas semanas en la televisión y los diarios[,](pondría «:») el conocido como hombre-lobo [había sido acreedor a] («se había hecho acreedor a») su alias debido a que las v(í)ctimas solían tener desgarrada la cara y parte del cuello [a base de](por) dentelladas [de tamaño humano](que parecían humanas), a lo Anibal Leckter.

Todas, menos la última; mi compañero Elías había muerto acuchillado mientras perseguíamos al asesino tras haber matado a Charly, el violador enano, en la ocasión que estuvimos más cerca de capturarle.(Acá hay un problema: si pretendes que el el que matara a Charly es el asesino, quizás «tras que matara»; así como está, resulta que «nosotros» matamos a Charly, te traicionas antes de tiempo...)

Las pesquisas las dirigía yo, y lamentablemente nunca encontrábamos en nuestros archivos de ADN[,] [el](al) propietario de la saliva que habíamos analizado de nuestro cruel lobo[,]( : ) era como si siempre fuera un paso por delante de nosotros.

Mi nueva compañera Anita[,] se tomó desde el principio muy en serio su trabajo y volvió a buscar pistas en el piso de Elías, precisamente esa tarde me llamó a la comisaría para decirme que había encontrado algo y que si podía acudir al piso de Elías.

Allí llegu[e](é) y Anita me informó de que [en](bajo) unas baldosas camufladas había encontrado una especie de diario de investigación de nuestro compañero; había empezado a leerlo y hacía hincapié en lo que ya sabíamos, la predilección en elegir victimas que de alguna manera habían quedado impunes de crímenes terribles.

A mí todo esto me afectaba de una manera muy especial desde que había perdido a mi mujer Sara tras un robo en nuestra casa, y una bestial masacre en su amado cuerpo que me hizo estar tres meses de baja; desde entonces me centraba cada vez más en mi trabajo[,]( : ) nunca se encontró a los culpables, pero se deducía claramente que eran ladrones profesionales y con gusto por la violencia.

Seguimos leyendo los apuntes; a Elías le sorprendía lo bien informado que estaba este asesino caníbal y en cierta manera “justiciero” que se encargaba de corregir lo que [e](é)l consideraba errores judiciales, sabía los nombres de los violadores y asesinos, incluso sus costumbres y lugares cotidianos…( )Era como si dispusiera de información de primera mano.

Casi terminando el diario se hacía evidente que Elías, mi anterior compañero, había dado con la clave del asunto y que estaba escrit[o](a) ahí mismo, l[o](a) íbamos a descubrir quizás al final del diario.

¿Quizás?. Nooo, seguro que sí. Yo ya sé quien es el hombre lobo, sé incluso cuando empezó a matar, fue tras morir Sara, mi amada esposa. L[e](o)s busqué, l[e](o)s encontré y les arranqu[e](é) la yugular con mis dientes y gran satisfacción, se lo merecían como muchos más; después me aficioné, hice justicia; hasta que Elías…( )pobre Elías, terminó encontrando la verdad a pesar de todos mis esfuerzos por ocultarla desde mi puesto de inspector jefe, se puso en la línea de tiro solamente… Y ahora Anita también empieza a intuirlo, lo sé por los ojos que pone mientras me abalanzo sobre ella y le empiezo a devorar media cara (,)inmisericorde…( )Debo seguir esta cruzada…( )Son bajas injustas e inocentes pero necesarias…( )Tan solo daño colateral.
 
Última edición por un moderador:
Bueno Javier... yo siempre he pensado que los jefes son una pandilla despiadada... y lo de las bajas justificadas lo llevan con una elegancia pasmosa, ni pestañean!! jajajjaa
Espléndido relato
Besos y estrellas
Eva
 
Hola, Lobo, buen intento de relato has hecho sobre un tema harto clásico, el del asesino jefe inspector.

Te dejo una versión con sugerencias y comentarios. Entre corchetes lo que eliminaría, entre paréntesis lo que agregaría.

abrazo
jorge


EL ASESINO ESCURRIDIZO
El asesinato de varios delincuentes y violadores bien conocidos en nuestros archivos policiales era la noticia preferida de las últimas semanas en la televisión y los diarios[,](pondría «:») el conocido como hombre-lobo [había sido acreedor a] («se había hecho acreedor a») su alias debido a que las v(í)ctimas solían tener desgarrada la cara y parte del cuello [a base de](por) dentelladas [de tamaño humano](que parecían humanas), a lo Anibal Leckter.

Todas, menos la última; mi compañero Elías había muerto acuchillado mientras perseguíamos al asesino tras haber matado a Charly, el violador enano, en la ocasión que estuvimos más cerca de capturarle.(Acá hay un problema: si pretendes que el el que matara a Charly es el asesino, quizás «tras que matara»; así como está, resulta que «nosotros» matamos a Charly, te traicionas antes de tiempo...)

Las pesquisas las dirigía yo, y lamentablemente nunca encontrábamos en nuestros archivos de ADN[,] [el](al) propietario de la saliva que habíamos analizado de nuestro cruel lobo[,]( : ) era como si siempre fuera un paso por delante de nosotros.

Mi nueva compañera Anita[,] se tomó desde el principio muy en serio su trabajo y volvió a buscar pistas en el piso de Elías, precisamente esa tarde me llamó a la comisaría para decirme que había encontrado algo y que si podía acudir al piso de Elías.

Allí llegu[e](é) y Anita me informó de que [en](bajo) unas baldosas camufladas había encontrado una especie de diario de investigación de nuestro compañero; había empezado a leerlo y hacía hincapié en lo que ya sabíamos, la predilección en elegir victimas que de alguna manera habían quedado impunes de crímenes terribles.

A mí todo esto me afectaba de una manera muy especial desde que había perdido a mi mujer Sara tras un robo en nuestra casa, y una bestial masacre en su amado cuerpo que me hizo estar tres meses de baja; desde entonces me centraba cada vez más en mi trabajo[,]( : ) nunca se encontró a los culpables, pero se deducía claramente que eran ladrones profesionales y con gusto por la violencia.

Seguimos leyendo los apuntes; a Elías le sorprendía lo bien informado que estaba este asesino caníbal y en cierta manera “justiciero” que se encargaba de corregir lo que [e](é)l consideraba errores judiciales, sabía los nombres de los violadores y asesinos, incluso sus costumbres y lugares cotidianos…( )Era como si dispusiera de información de primera mano.

Casi terminando el diario se hacía evidente que Elías, mi anterior compañero, había dado con la clave del asunto y que estaba escrit[o](a) ahí mismo, l[o](a) íbamos a descubrir quizás al final del diario.

¿Quizás?. Nooo, seguro que sí. Yo ya sé quien es el hombre lobo, sé incluso cuando empezó a matar, fue tras morir Sara, mi amada esposa. L[e](o)s busqué, l[e](o)s encontré y les arranqu[e](é) la yugular con mis dientes y gran satisfacción, se lo merecían como muchos más; después me aficioné, hice justicia; hasta que Elías…( )pobre Elías, terminó encontrando la verdad a pesar de todos mis esfuerzos por ocultarla desde mi puesto de inspector jefe, se puso en la línea de tiro solamente… Y ahora Anita también empieza a intuirlo, lo sé por los ojos que pone mientras me abalanzo sobre ella y le empiezo a devorar media cara (,)inmisericorde…( )Debo seguir esta cruzada…( )Son bajas injustas e inocentes pero necesarias…( )Tan solo daño colateral.

Gracias Jorge por tu compromiso y dedicación constante con el foro
 
¿Pero os asustó, u os gustó?...Bea y Glenda caribeñas poetas sabias y dulces en salado mar caribeño concebidas
 

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