José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Quién no ha visto morir la tarde?
se despide llorando
con sus lágrimas de sangre
tiñendo el horizonte de rojo
hiriendo tus pupilas
como cuchillos clavados
en un cuerpo inerte.
Los pájaros buscan su hogar
huyendo de la oscuridad, esa oscuridad
que con su manto los va envolviendo,
los llena de celos, peligros,
las copas de los árboles
con su paraguas los protege
de lluvias y lamentos.
Truenan los cascos de los caballos
regresando del duro trabajo,
los campesinos doloridos,
como el sol en su lenta marcha,
vuelven al hogar
esperando los parabienes ganados
con el dolor de su cuerpo
hasta en los costados
por no decir el aliento
de mi querido Miguel Hernández.
Las flores de los pacíficos
duermen, protegiéndose de la fría noche
y la luna, se prepara para vestirse y adornarse
en su inmenso espejo de agua salada.
Se apagan los ruidos del día
se callan las chicharras, descansando
el batir de sus alas de plata
apareciendo los de la noche
Los búhos, grillos y demás comensales
de la madre oscuridad
con su bata negra y su encanto.
El atardecer se ha ido sin darnos cuenta
en su carroza de sueños
Llegando la fría noche
con su mantel de luces en el cielo.
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