Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
el azul de mi sueño
el azul de mi sueño
se encuentra tendido dentro de la alcoba
y sobre el camastro exhausto, echado me encuentro yo
por arriba de mi torso desnudo sobrevuela mi cuerpo astral
él se aproxima
lleva en su suspensión el epitalamio de la propia conjunción
lo siento torcerse entre las sabanas
doradas del inconsciente estival
suspendido por que así tiene que estar
escondido
para que nos venzamos sin titubear
el cielo se abre, es por que cerramos nuestros ojos
y reverbera con su luz trémula
sobre nuestros cuerpos de tranquila mar
la mente, por su parte, ya se siente alejada
naufraga celeste sobre las popas
de las ardentías y de sus olas agitadas
se extravía en sus pasajes
y aunque la mística sea indescifrada
yo sólo deseo gozar
el día se alista al toque de diana
su gracia de estropicio
nos despierta del sueño y nos patea las piernas del escabel
volvemos al mundo y a la dualidad
¡han anegado nuestro cuerpo celeste
y escondido el cadáver entre las zarzas
que lindan la laguna escondida!
no nos queda otro remedio que empezar a caminar
y olvidarnos de lo feliz que fuimos
sobre el tropel del sueño acelerado
el azul de mi sueño
se encuentra tendido dentro de la alcoba
y sobre el camastro exhausto, echado me encuentro yo
por arriba de mi torso desnudo sobrevuela mi cuerpo astral
él se aproxima
lleva en su suspensión el epitalamio de la propia conjunción
lo siento torcerse entre las sabanas
doradas del inconsciente estival
suspendido por que así tiene que estar
escondido
para que nos venzamos sin titubear
el cielo se abre, es por que cerramos nuestros ojos
y reverbera con su luz trémula
sobre nuestros cuerpos de tranquila mar
la mente, por su parte, ya se siente alejada
naufraga celeste sobre las popas
de las ardentías y de sus olas agitadas
se extravía en sus pasajes
y aunque la mística sea indescifrada
yo sólo deseo gozar
el día se alista al toque de diana
su gracia de estropicio
nos despierta del sueño y nos patea las piernas del escabel
volvemos al mundo y a la dualidad
¡han anegado nuestro cuerpo celeste
y escondido el cadáver entre las zarzas
que lindan la laguna escondida!
no nos queda otro remedio que empezar a caminar
y olvidarnos de lo feliz que fuimos
sobre el tropel del sueño acelerado