Dr Jose Roberto Hernandez
Poeta asiduo al portal
El beso del caracol
Hace muchos años debajo del mar, solo un poco debajo de las olas, un caracol guardaba un beso. Este caracol, que nunca había hablado, se esforzaba por llamar a todo pez que pasaba por delante, se esforzaba por gritar para llamar la atención a quien fuera y contarle que guardaba un beso.
Peces, pulpos, caballitos de mar, todo tipo de habitante salado bajo agua, pasaba sin siquiera mirar al caracol casi mudo.
Un día, mientras dormía, sintió elevarse y el aire extraño, más allá de la superficie, le despertó.
Un humano desnudo se puso el caracol al oído, tratando de escuchar lo que le parecía un brillante ruido y confundíosle el soplido que cruzaba por la abertura del caracol con una maravillosa música.
Se colocó la inmensa concha frente a su cara, acercó de casualidad los labios y un beso violeta saltó abertura afuera estrellándose contra su boca.
Cerró los ojos y al despertar abriéndolos, su amor le enredaba la mañana con un beso de amor.
Vampi
Hace muchos años debajo del mar, solo un poco debajo de las olas, un caracol guardaba un beso. Este caracol, que nunca había hablado, se esforzaba por llamar a todo pez que pasaba por delante, se esforzaba por gritar para llamar la atención a quien fuera y contarle que guardaba un beso.
Peces, pulpos, caballitos de mar, todo tipo de habitante salado bajo agua, pasaba sin siquiera mirar al caracol casi mudo.
Un día, mientras dormía, sintió elevarse y el aire extraño, más allá de la superficie, le despertó.
Un humano desnudo se puso el caracol al oído, tratando de escuchar lo que le parecía un brillante ruido y confundíosle el soplido que cruzaba por la abertura del caracol con una maravillosa música.
Se colocó la inmensa concha frente a su cara, acercó de casualidad los labios y un beso violeta saltó abertura afuera estrellándose contra su boca.
Cerró los ojos y al despertar abriéndolos, su amor le enredaba la mañana con un beso de amor.
Vampi