samuelchirinos
Poeta recién llegado
Vivo en esa línea, entre el cielo y el mar
camino, dejado llevar de mi mano
por el sendero de la pauta infernal
que mis ojos se niegan mirar
escasa es la luz, pálida de la luna
y mis manos temblorosas
elevan al cielo la pirámide del cristal
Y el rey de las cosas, ve mi corazón
sabe que mi alma esconde una pasión
que el ángel del demonio tocó mi corazón
Hoy camino sin dirección
acariciado por la mano del pecado
apresado en la piedad de la razón
como un lobo blanco, solitario
que yace herido en la tibia tierra
acechándolo cual natural predador
la mano del príncipe clama,
aquella alma que el mal engendró
cegando sus ojos
segando el amor en su corazón
Mi mano en un último aliento
elevó, a la promesa, a mi libre albedrío
que con un soplo, al ser parido
mi creador, me legó
el cristal en mis manos se ha roto
la promesa con mi sangre se murió
el laberinto del eterno sufrimiento
quema mi cuerpo, siento una mano
que mi alma del cuerpo separa
la mano que en la oscuridad me guió
Ya sin aliento y cayendo en el abismo
reclamé mi fe, mientras empuña mi daga
que el corazón de mi guardián buscaba,
la batalla en un instante se acabó
al mundo volví y estoy condenado
a que muera todo lo que mi mano toca
esperando mi alma sea reclamada aquel día
por el creador del hombre el cielo y el mar
pero mientras no llegue ese día
mi alma solitaria camina entre el bien y el mal.
camino, dejado llevar de mi mano
por el sendero de la pauta infernal
que mis ojos se niegan mirar
escasa es la luz, pálida de la luna
y mis manos temblorosas
elevan al cielo la pirámide del cristal
Y el rey de las cosas, ve mi corazón
sabe que mi alma esconde una pasión
que el ángel del demonio tocó mi corazón
Hoy camino sin dirección
acariciado por la mano del pecado
apresado en la piedad de la razón
como un lobo blanco, solitario
que yace herido en la tibia tierra
acechándolo cual natural predador
la mano del príncipe clama,
aquella alma que el mal engendró
cegando sus ojos
segando el amor en su corazón
Mi mano en un último aliento
elevó, a la promesa, a mi libre albedrío
que con un soplo, al ser parido
mi creador, me legó
el cristal en mis manos se ha roto
la promesa con mi sangre se murió
el laberinto del eterno sufrimiento
quema mi cuerpo, siento una mano
que mi alma del cuerpo separa
la mano que en la oscuridad me guió
Ya sin aliento y cayendo en el abismo
reclamé mi fe, mientras empuña mi daga
que el corazón de mi guardián buscaba,
la batalla en un instante se acabó
al mundo volví y estoy condenado
a que muera todo lo que mi mano toca
esperando mi alma sea reclamada aquel día
por el creador del hombre el cielo y el mar
pero mientras no llegue ese día
mi alma solitaria camina entre el bien y el mal.
Última edición: