humanoide
Poeta fiel al portal
Era una tarde mas, como cualquier otra de un tedioso trabajo ese viernes de otoño… ¡Como olvidar ese madito día! Mi compañero y yo circulábamos en nuestro todo terreno por la sinuosa brecha de aquel profuso bosque de enormes abetos, encinos y piñoneros, las ramas secas crujían a nuestro paso, cuando… -¡Al fin!- La antena de telecomunicaciones podía verse en lo alto de aquella escarpada colina.
Eran las cuatro de la tarde, y era un trabajo que debía llevar tan solo una hora el realizarlo, así que sin más… -Bien, subiré hasta la torre, colocare el transmisor y te enviare la señal- Le comente a mi compañero, que tan solo se limitó a contestar: -Solo hazlo de prisa, aquí oscurecerá pronto-.
Comencé a subir la colina, abriéndome camino entre los arbustos y las ramas bajas de los pinos y encinos, descansando en momentos para recuperar el aliento, luego instale el transmisor y realizamos las pruebas correspondientes… Pero tan pronto terminamos, la noche nos callo de súbito en aquel bosque de cielo nublado.
Mi compañero encendió los cuartos de la camioneta y me indico por radio al receptor de la torre que era hora de regresar, sin embargo, yo no podía ver mi propia mano ubicada tan solo a centímetros de mi cara… -¡No puedo ver nada!- Le indique a mi compañero, -¡Y no traigo la maldita lámpara!-, Mi compañero, con mayor experiencia en estos menesteres, trato de tranquilizarme… -Solo tranquilízate y guíate por los cuartos encendidos del vehiculo-, Esas fueron las ultimas palabras que escucharía, antes de comenzar la pesadilla que me pareció interminable…
Eran las cuatro de la tarde, y era un trabajo que debía llevar tan solo una hora el realizarlo, así que sin más… -Bien, subiré hasta la torre, colocare el transmisor y te enviare la señal- Le comente a mi compañero, que tan solo se limitó a contestar: -Solo hazlo de prisa, aquí oscurecerá pronto-.
Comencé a subir la colina, abriéndome camino entre los arbustos y las ramas bajas de los pinos y encinos, descansando en momentos para recuperar el aliento, luego instale el transmisor y realizamos las pruebas correspondientes… Pero tan pronto terminamos, la noche nos callo de súbito en aquel bosque de cielo nublado.
Mi compañero encendió los cuartos de la camioneta y me indico por radio al receptor de la torre que era hora de regresar, sin embargo, yo no podía ver mi propia mano ubicada tan solo a centímetros de mi cara… -¡No puedo ver nada!- Le indique a mi compañero, -¡Y no traigo la maldita lámpara!-, Mi compañero, con mayor experiencia en estos menesteres, trato de tranquilizarme… -Solo tranquilízate y guíate por los cuartos encendidos del vehiculo-, Esas fueron las ultimas palabras que escucharía, antes de comenzar la pesadilla que me pareció interminable…