Javier Flores
Poeta asiduo al portal
El Bosque
Caminando bojo la penumbra de la noche
por la calle estrecha con una
iluminación no muy densa,
por un viejo poste de luz que
bambolea su bombillo de
lado a lado, se escucha el
rasgar de las pesuñas de un
perro hambriento buscando en
los desperdicios humanos,
que con ira ve a este pasar y
gruñe como amenaza mortal,
se escucha el tacón de los
zapatos al acelerar el paso,
manos tibias dentro de los
bolsillos huyendo del impetuoso
frio que sopla con fuerza y abofetea
su rostro.
En su caminar pasa la última
casa del callejón cesa el sonido
de sus zapatos sensorialmente
se da cuenta que el asfalto se ha
terminado, camina sobre suelo
desconocido sin bajar la mirada
siente como se hunden sus zapatos
entre la tierra, al caminar
la oscuridad le impide más su mirar,
escuchando sonidos perturbadores
por el mover de los robles siente el miedo
como lo abraza invadiendo
su cuerpo de horror, pobremente a lo
lejos mira como una luz que se
acerca para percatarse que es un viejo
hombre de sombrero tejido,
camisa blanca y ajada con pantalones sin
ruedo y sin calzado ordinario,
traía consigo una lámpara de vela en mano.
Este hombre despavorido se le acerca al
anciano y este le mira al rostro
cansado y árido por el pasar de primaveras
en su arado, este le pregunta
desesperado amigo ha visto a Carolina ?
El anciano de forma calmada
le responde ella esta a un kilómetro de aquí
por este mismo camino, sin mas
nada que decir sale corriendo en aquella
dirección, donde solo escuchaba
la fauna enfurecida con el sonar de lechuzas,
grillos, ranas, el batir de las
hojas de los árboles, todo se convirtió en una
orquesta tenebrosa en su mirar
alrededor como presa fácil sin darse cuenta
su cuerpo en un hueco quedo
tirado como tallo exiliado.
Escucha el sonido de su corazón latir siente
el cuerpo tibio a lo lejos distingue
una voz femenina angelical, entre tanta confusión
se dispone a abrir los ojos,
luz fuerte casi segadora lo hacen ver que
no esta en el cielo pues esto
se le ha de parecer por que esta
en los brazos de su Carolina otra vez.
Caminando bojo la penumbra de la noche
por la calle estrecha con una
iluminación no muy densa,
por un viejo poste de luz que
bambolea su bombillo de
lado a lado, se escucha el
rasgar de las pesuñas de un
perro hambriento buscando en
los desperdicios humanos,
que con ira ve a este pasar y
gruñe como amenaza mortal,
se escucha el tacón de los
zapatos al acelerar el paso,
manos tibias dentro de los
bolsillos huyendo del impetuoso
frio que sopla con fuerza y abofetea
su rostro.
En su caminar pasa la última
casa del callejón cesa el sonido
de sus zapatos sensorialmente
se da cuenta que el asfalto se ha
terminado, camina sobre suelo
desconocido sin bajar la mirada
siente como se hunden sus zapatos
entre la tierra, al caminar
la oscuridad le impide más su mirar,
escuchando sonidos perturbadores
por el mover de los robles siente el miedo
como lo abraza invadiendo
su cuerpo de horror, pobremente a lo
lejos mira como una luz que se
acerca para percatarse que es un viejo
hombre de sombrero tejido,
camisa blanca y ajada con pantalones sin
ruedo y sin calzado ordinario,
traía consigo una lámpara de vela en mano.
Este hombre despavorido se le acerca al
anciano y este le mira al rostro
cansado y árido por el pasar de primaveras
en su arado, este le pregunta
desesperado amigo ha visto a Carolina ?
El anciano de forma calmada
le responde ella esta a un kilómetro de aquí
por este mismo camino, sin mas
nada que decir sale corriendo en aquella
dirección, donde solo escuchaba
la fauna enfurecida con el sonar de lechuzas,
grillos, ranas, el batir de las
hojas de los árboles, todo se convirtió en una
orquesta tenebrosa en su mirar
alrededor como presa fácil sin darse cuenta
su cuerpo en un hueco quedo
tirado como tallo exiliado.
Escucha el sonido de su corazón latir siente
el cuerpo tibio a lo lejos distingue
una voz femenina angelical, entre tanta confusión
se dispone a abrir los ojos,
luz fuerte casi segadora lo hacen ver que
no esta en el cielo pues esto
se le ha de parecer por que esta
en los brazos de su Carolina otra vez.
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