Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
el buque en la Tempestad.
estoy en un sueño, y estoy jugando
con mi yo pasado
a la trágica edad en la que el can mordió mi cerebro.
luego todo es difuso, y me encuentro
sosteniendo
mis huesos de bebé, mirando las rosas
y sosteniendo
mis huesitos de bebé. entran a la escena
perros
saliendo desde las sombras y desde abajo de los tálamos.
pese que reunidos en torno a la casa
de mi bisabuela
vigilan mis familiares y me otorgan su ayuda,
sólo yo seré capaz de protegerlos.
tengo la suficiente fuerza y desesperación
pero el enemigo es invisible
y continuo,
nada puedo hacer para impedir el hurto de mis huesos,
y por cada hueso
de mi cuerpo pasado, una traba en mi cuerpo presente.
intuyendo lo inevitable de mi fracaso, salgo
al jardín dónde, un luchador
se multiplica en tres, y me ataca.
¡no, mis huesos no! pienso.
por supuesto que el entorno era hostil,
pero evidentemente
ese entorno era soñado por mí, y se desprende
que, si mi yo en la quimera
era el producto de mi ego y mi conciencia,
el entorno, lo era de mi inconciencia.
me tengo que curar ,
aunque repentinamente un sonido me despierta; suena el teléfono, es Darío.
¿Xuri?..., ¿Xuri?, el viento arrecia acá afuera Xuri,
y el buque bajo la tempestad,
bajo la etérea furia de la tempestad
estoy soñando , no, estoy sentado
en un colectivo
viendo la gente subirse a él a la mañana
utilizando
grandes gafas color tiznado y café.
quédome mirándolos
tenues
mientras el sopor avanza y la visión se turba.
ellos no son humanos, son moscas
que abriendo la ventana
se arrojan a volar y ascienden hasta los techos de los edificios.
igualmente, ese cuerpo no es ahora mi problema.
¿Xuri?..., ¿Xuri, estas ahí, o estarás izando los velámenes
en el puerto de Salé?
¿eras una mosca, o eres
parte del viento sobre el puente de madera
en un carabela eternal,
y sobre las bardas de la lana ,
y sobre los bordes de la nada?...
Xuri no contesta , y el tiempo, el espacio
y la acción
quedan confinadas a las zonas más recónditas de mis manos .
estoy en un sueño, y estoy jugando
con mi yo pasado
a la trágica edad en la que el can mordió mi cerebro.
luego todo es difuso, y me encuentro
sosteniendo
mis huesos de bebé, mirando las rosas
y sosteniendo
mis huesitos de bebé. entran a la escena
perros
saliendo desde las sombras y desde abajo de los tálamos.
pese que reunidos en torno a la casa
de mi bisabuela
vigilan mis familiares y me otorgan su ayuda,
sólo yo seré capaz de protegerlos.
tengo la suficiente fuerza y desesperación
pero el enemigo es invisible
y continuo,
nada puedo hacer para impedir el hurto de mis huesos,
y por cada hueso
de mi cuerpo pasado, una traba en mi cuerpo presente.
intuyendo lo inevitable de mi fracaso, salgo
al jardín dónde, un luchador
se multiplica en tres, y me ataca.
¡no, mis huesos no! pienso.
por supuesto que el entorno era hostil,
pero evidentemente
ese entorno era soñado por mí, y se desprende
que, si mi yo en la quimera
era el producto de mi ego y mi conciencia,
el entorno, lo era de mi inconciencia.
me tengo que curar ,
aunque repentinamente un sonido me despierta; suena el teléfono, es Darío.
¿Xuri?..., ¿Xuri?, el viento arrecia acá afuera Xuri,
y el buque bajo la tempestad,
bajo la etérea furia de la tempestad
estoy soñando , no, estoy sentado
en un colectivo
viendo la gente subirse a él a la mañana
utilizando
grandes gafas color tiznado y café.
quédome mirándolos
tenues
mientras el sopor avanza y la visión se turba.
ellos no son humanos, son moscas
que abriendo la ventana
se arrojan a volar y ascienden hasta los techos de los edificios.
igualmente, ese cuerpo no es ahora mi problema.
¿Xuri?..., ¿Xuri, estas ahí, o estarás izando los velámenes
en el puerto de Salé?
¿eras una mosca, o eres
parte del viento sobre el puente de madera
en un carabela eternal,
y sobre las bardas de la lana ,
y sobre los bordes de la nada?...
Xuri no contesta , y el tiempo, el espacio
y la acción
quedan confinadas a las zonas más recónditas de mis manos .