Jelina
Poeta recién llegado
El caballero y la dama
1. Miradas que se reconocen al instante
Un salón de paredes marfil destilaba aire con aroma a tinta y poemas recién escritos. El caballero entraba al lugar donde se reunían sus amigos.
La dama, sentada a la mesa, lo observaba de pies a cabeza. Su corazón se aceleró de repente, pero ella no se perdió ni un detalle. La mirada intimidante de aquel hombre avivó la insaciable curiosidad que había estado desgastada hasta ese momento.
Todos a su alrededor conversaban. Ellos se miraban sin mirarse a la cara, poco a poco se creaba la conexión profunda de aquellas miradas, declarándose todo sin usar palabras.
Ese caballero alto de tes blanca y ojos negros se frotaba con la mano derecha su abundante melena castaña, sonreía escuchando a cada uno de sus camaradas.
La dama morena, de ojos cafés y cabello negro azabache, oía sus risas mientras escribía este poema para él.
2. Juego de las miradas fugitivas
Todos los jueves se observaban constantemente; cada palabra, cada gesto y todo aquello cuanto les permitiera estudiarse.
Ahora, dos miradas fugitivas se buscan una a otra mas cuando llega el momento de encontrarse, huyen despavoridas. Se quedan como nada hubiese pasado.
Ellos nunca se han cruzado y (hasta ahora) no pretenden hacerlo, pero buscarán sin demora lo que temen encontrar.
3. Dulce presagio sobre los amantes
Pronto, el caballero se sumergirá en el bosque prohibido para regar el plantío de Eros, la dama lo acompañará a la hermosa Cítera y allí beberá el elixir que emana su boca.
Descubrirán lentamente a quienes se ocultan detrás de las fachadas del caballero y la dama. Cada uno conocerá al ser del otro, tocarán las fibras de sus almas y se enamorarán irremediablemente.