Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando el destino te depara
un tortuoso camino de infelicidad y tristeza, las piedras se ríen por tener más suerte de ser llevadas por un samaritano o pateada por algún vagabundo, que enojado consigo mismo arremete contra ella y la hace volar...
Así de real es tu suerte cactus solitario, puesto en medio del estéril arenal, sin un charco para mojar tus heridos pies, sin un ave que te anide y vea sus polluelos jugar en las ramas que no tuviste.
Quisiera abrazarte y consolar tus lágrimas secas por el sol,
quien horada tu cuerpo con sus hirvientes dedos, sin miedo a tu piel. Yo quisiera cubrirte de la noche con mis manos y jugar a la pelota por un rato, quisiera celebrarte cumpleaños y darte globos en tus manos para que juegues de una vez.
Llevarte al río más cercano y darnos un chapuzón desde lo alto; que los niños jueguen contigo sin mido ninguno y dejes de ser un cactus solitario.
un tortuoso camino de infelicidad y tristeza, las piedras se ríen por tener más suerte de ser llevadas por un samaritano o pateada por algún vagabundo, que enojado consigo mismo arremete contra ella y la hace volar...
Así de real es tu suerte cactus solitario, puesto en medio del estéril arenal, sin un charco para mojar tus heridos pies, sin un ave que te anide y vea sus polluelos jugar en las ramas que no tuviste.
Quisiera abrazarte y consolar tus lágrimas secas por el sol,
quien horada tu cuerpo con sus hirvientes dedos, sin miedo a tu piel. Yo quisiera cubrirte de la noche con mis manos y jugar a la pelota por un rato, quisiera celebrarte cumpleaños y darte globos en tus manos para que juegues de una vez.
Llevarte al río más cercano y darnos un chapuzón desde lo alto; que los niños jueguen contigo sin mido ninguno y dejes de ser un cactus solitario.
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