Y uno cree
que anda por el recuerdo
a punto de olvidarse,
en el café quieto y mudo
de la ciudad perdida.
Se fué el tiempo por la prisa
de los pasos multiplicados.
Uno pasa por las luces,
por la frecuencia de los cuerpos
que se limpian
como conciencias
en la estaciones de trenes
donde parece que los encuentros
son para todos.
Y solo quedó el dibujo irregular
de los dioses en la servilleta.
En la nube de sueños habitó
un dragón dormido.
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