Luis Eduardo Tinoco
Poeta recién llegado
El caminante transita bajo la luna plateada,
un toque de tristeza se dibuja en su mirada,
su existencia ha sido perturbada y sombría,
mustio sin que el universo para él sonría.
Anda por senderos sin hallar el horizonte,
develando su espíritu por poco ausente,
en busca de esa luz que el alma ilumina,
por instantes su vidriosa fortaleza declina.
Todo en él está lleno de desengaños,
sin júbilos el caminante pasa los años,
siente que su existencia está perdida,
el oráculo funesto anuencia su partida.
Para el ya no fulgura el sol de oro,
viendo su vidorria hender en lo oscuro,
sus lágrimas con orgullo las reprime,
pues el caminante su destino imprime.
un toque de tristeza se dibuja en su mirada,
su existencia ha sido perturbada y sombría,
mustio sin que el universo para él sonría.
Anda por senderos sin hallar el horizonte,
develando su espíritu por poco ausente,
en busca de esa luz que el alma ilumina,
por instantes su vidriosa fortaleza declina.
Todo en él está lleno de desengaños,
sin júbilos el caminante pasa los años,
siente que su existencia está perdida,
el oráculo funesto anuencia su partida.
Para el ya no fulgura el sol de oro,
viendo su vidorria hender en lo oscuro,
sus lágrimas con orgullo las reprime,
pues el caminante su destino imprime.