lucov
Poeta recién llegado
En el centro de jardines y prados el templo era sostenido por nueve columnas de mármol, de forma semicircular en una superficie elevada por treinta y tres escalones. La única construcción en un vasto espacio rodeado de personas que caminaban o meditaban encerrados en sus propios pensamientos. Sentado en el primer peldaño un anciano hizo una pequeña inclinación a modo de saludo, parecía despreocupado mirando el entorno, por ser quien había notado mi presencia, le hablé.
-He llegado hasta este lugar para entrar al templo y conocer al Maestro
Me contestó sin perder su sonrisa.
-Solamente para el discípulo la puerta siempre está abierta.
No comprendí su respuesta y me decidí a subir. Al poner el pié en la primera grada los recuerdos de todas las vidas ancestrales emergieron para mostrar la realidad de mi existencia, como si un árbol volviera a ser semilla aprisionado por la tierra luchando por su transformación para salir a la luz en una simple hierba. El primer instante del principio estaba presente. Al seguir subiendo la historia del hombre desde la primera explosión origen del movimiento en la confrontación del resplandor y las sombras creaba la dualidad del ser con atisbos en su memoria de todo el recorrido de su gestación.
Al llegar a los últimos escalones una vibración de paz y serenidad se percibió como el aire en el lugar, ahí está el Templo con su puerta abierta, entré para encontrar al maestro, el tiempo no tenía razón de existir, la Luz aumentaba su intensidad. El Maestro siempre había vivido en mi interior y se comunicaba con la vibración más sublime del primer instante.
-He llegado hasta este lugar para entrar al templo y conocer al Maestro
Me contestó sin perder su sonrisa.
-Solamente para el discípulo la puerta siempre está abierta.
No comprendí su respuesta y me decidí a subir. Al poner el pié en la primera grada los recuerdos de todas las vidas ancestrales emergieron para mostrar la realidad de mi existencia, como si un árbol volviera a ser semilla aprisionado por la tierra luchando por su transformación para salir a la luz en una simple hierba. El primer instante del principio estaba presente. Al seguir subiendo la historia del hombre desde la primera explosión origen del movimiento en la confrontación del resplandor y las sombras creaba la dualidad del ser con atisbos en su memoria de todo el recorrido de su gestación.
Al llegar a los últimos escalones una vibración de paz y serenidad se percibió como el aire en el lugar, ahí está el Templo con su puerta abierta, entré para encontrar al maestro, el tiempo no tenía razón de existir, la Luz aumentaba su intensidad. El Maestro siempre había vivido en mi interior y se comunicaba con la vibración más sublime del primer instante.