poetakabik
Poeta veterano en el portal
En el silencio nace la enseñanza,
allí donde el orgullo se disuelve;
la mente calla, el alma se engrandece,
y el corazón, paciente, se renueva.
El tatami es espejo de la vida,
donde el sudor se torna en pensamiento,
y cada caída, en su caída,
enseña que se avanza en el intento.
El saludo no es rito ni apariencia,
es símbolo de honor y de respeto,
reconocer en otros la presencia
del mismo espíritu discreto.
El golpe no es venganza ni castigo,
es cauce del control y la energía;
la fuerza no destruye, va consigo
la calma que da luz a la armonía.
Humildad es saber que nada es nuestro,
que el arte nos trasciende y nos sostiene,
y que el maestro vive en cada gesto
del alumno que escucha y que no hiere.
Respeto es comprender que en cada paso
habita un universo semejante,
que el más débil también tiene su abrazo,
y el más fuerte, su sombra vacilante.
Paciencia es dominar la impaciencia,
esperar sin rendirse ni afligirse,
comprender que el camino es experiencia
y que el alma no puede dividirse.
Porque el karate es más que la defensa,
más que el cuerpo en su danza contenida;
es templanza, virtud y recompensa,
la paz después del golpe de la vida.
En cada dojo brilla la semilla
de un mundo más humano y más sereno;
allí el respeto vence y lo concilia,
y el hombre se descubre en lo terreno.
Ser fuerte no es vencer, sino ser justo,
no es imponerse: es dar sin exigencia.
El que domina el cuerpo y su impulso
ha conquistado ya la consciencia.
Así el guerrero avanza sin violencia,
honrando la humildad, la fe, la calma;
y en su silencio crece la presencia
de un sol que se arrodilla en su alma.
allí donde el orgullo se disuelve;
la mente calla, el alma se engrandece,
y el corazón, paciente, se renueva.
El tatami es espejo de la vida,
donde el sudor se torna en pensamiento,
y cada caída, en su caída,
enseña que se avanza en el intento.
El saludo no es rito ni apariencia,
es símbolo de honor y de respeto,
reconocer en otros la presencia
del mismo espíritu discreto.
El golpe no es venganza ni castigo,
es cauce del control y la energía;
la fuerza no destruye, va consigo
la calma que da luz a la armonía.
Humildad es saber que nada es nuestro,
que el arte nos trasciende y nos sostiene,
y que el maestro vive en cada gesto
del alumno que escucha y que no hiere.
Respeto es comprender que en cada paso
habita un universo semejante,
que el más débil también tiene su abrazo,
y el más fuerte, su sombra vacilante.
Paciencia es dominar la impaciencia,
esperar sin rendirse ni afligirse,
comprender que el camino es experiencia
y que el alma no puede dividirse.
Porque el karate es más que la defensa,
más que el cuerpo en su danza contenida;
es templanza, virtud y recompensa,
la paz después del golpe de la vida.
En cada dojo brilla la semilla
de un mundo más humano y más sereno;
allí el respeto vence y lo concilia,
y el hombre se descubre en lo terreno.
Ser fuerte no es vencer, sino ser justo,
no es imponerse: es dar sin exigencia.
El que domina el cuerpo y su impulso
ha conquistado ya la consciencia.
Así el guerrero avanza sin violencia,
honrando la humildad, la fe, la calma;
y en su silencio crece la presencia
de un sol que se arrodilla en su alma.