Aires
Poeta recién llegado
Era un hombre que se encontraba absolutamente solo en medio de un bosque, algo perdido, a su alrededor había solo árboles, ríos y malezas. Anduvo bastante hasta que por fin dio con un camino.
No lo dudo ni un segundo y se adentro en el, se dio cuenta de que era el mas hermoso sendero que había transitado en su vida, aunque muy probablemente era el primero, lleno de árboles que lo resguardaban de los ardientes rayos del sol, pero también, de las tempestuosas lluvias y los agitadores vientos, en el se sentía cobijado como en el mas acogedor hogar. Poco a poco fue sintiendo que no quería que terminase, recorriendo el mismo se encontraba totalmente a gusto.
Pero al cabo de unas horas, el hombre no pudo seguir, el camino estaba cerrado por un montón de malezas que no le permitían continuar. Por más que intento atravesarlas, las mismas eran impenetrables, se resistían a ceder ante los seguidos intentos del hombre.
Al fin se resigno y volvió a la espesura del bosque, melancólico, comenzó nuevamente a adentrarse entre los árboles. Recordaba lo bello que fue recorrer aquel sendero, no solo porque era un camino, sino porque en el se sentía acogido, fuerte y refugiado.
Recorrió el bosque, nostálgico, pensando en como habría seguido su andar, que le hubiese deparado, que cosas hubiese encontrado en el, que cosas se estaría perdiendo. Pasaron días y el siguió pensando en ello.
Después de unas semanas encontró otro sendero, se dispuso a entrar en el, aunque sin mucha convicción, no le llamo tanto la atención como el anterior. A medida que lo fue transitando, se dio cuenta que no era como el otro, tenia otros árboles, otros pájaros merodeaban, otras plantas se amochaban alrededor. El sol brindaba otro calor, la luna, iluminaba la eterna noche de una manera distinta, no sabia si mejor o peor, simplemente distinta. A pesar de todo, el siguió extrañando el primer camino que había descubierto, quizás por simple nostalgia, o quizás porque en el se sentía un ser superior, no lo sabia, nunca lo sabría
Pasaron meses, incluso años, sin darse cuenta ya dejo de pensar en el refugio del primer sendero, y comenzó a andar, disfrutando de cada cosa que veía. Aprendió de las enseñanzas que a cada paso le brindaba el majestuoso camino en su andar. En determinado momento se dio cuenta que a la par, separado por apenas unos árboles, había otro sendero. Observándolo, se dio cuenta de que se trataba del primero que había recorrido, sin dudarlo, se inmiscuyo en el. Anduvo unos días por el, se sintió el hombre mas dichoso, pero en determinado momento, se dio cuenta de que echaba de menos todo lo que había vivido y aprendido en el segundo sendero. Igualmente siguió caminando, aunque ya no lo disfrutaba como la primera vez, cada paso le recordaba algo del anterior, una huella, algún árbol maltrecho por los vientos pero de pie, el canto de un ave, en fin, constantemente extrañaba las venturas del otro.
Siguió, hasta que ya no aguanto más, y decidió volver al bosque.
Es que se dio cuenta de que transitara el camino que transitara, siempre echaría de menos el otro. Cada uno tenía sus cualidades, sus virtudes, árboles coloridos, aves que frecuentaban, hojas amarillentas, hojas verdes, simples vivencias
Estuvo sentado en el bosque largos días, meditando, pensando, analizando su cabeza se encontraba sofocada de tanto pensar, sentía que le pesaba una tonelada, es que no podía parar de pensar que era lo que lo haría sentir mejor. Por un momento sintió que lo mejor era sumergir su mente en lo más profundo del olvido, pero no se podía.
Al pasar unos días se decidió, volvió a adentrarse en un camino, para su sorpresa y agrado, ya no pensaba en los encantos del otro, solo se limitaba a disfrutar lo que estaba viviendo.
Pasaron días, semanas, años.
Un día, se percato de que el otro camino volvía a acercarse, sin embargo no se sintió atraído a indagarlo ni por un instante. Al cabo de unas horas sintió unos pasos, venían del otro lado de los árboles, al hombre le extraño mucho, ya que el era el único que se encontraba en el bosque.
Trato de ser indiferente, aunque se preguntaba quien podía ser aquel otro que caminara por el sendero que él alguna ves supo recorrer.
De repente vio que unos metros mas adelante los caminos se juntaban, esto le produjo gran intriga, ya que iba a poder ver quien era la otra persona que transitaba el otro sendero.
Poco a poco se fue acercando, paso a paso, hasta que por fin llego al cruce y vio a la otra persona era el.
No lo dudo ni un segundo y se adentro en el, se dio cuenta de que era el mas hermoso sendero que había transitado en su vida, aunque muy probablemente era el primero, lleno de árboles que lo resguardaban de los ardientes rayos del sol, pero también, de las tempestuosas lluvias y los agitadores vientos, en el se sentía cobijado como en el mas acogedor hogar. Poco a poco fue sintiendo que no quería que terminase, recorriendo el mismo se encontraba totalmente a gusto.
Pero al cabo de unas horas, el hombre no pudo seguir, el camino estaba cerrado por un montón de malezas que no le permitían continuar. Por más que intento atravesarlas, las mismas eran impenetrables, se resistían a ceder ante los seguidos intentos del hombre.
Al fin se resigno y volvió a la espesura del bosque, melancólico, comenzó nuevamente a adentrarse entre los árboles. Recordaba lo bello que fue recorrer aquel sendero, no solo porque era un camino, sino porque en el se sentía acogido, fuerte y refugiado.
Recorrió el bosque, nostálgico, pensando en como habría seguido su andar, que le hubiese deparado, que cosas hubiese encontrado en el, que cosas se estaría perdiendo. Pasaron días y el siguió pensando en ello.
Después de unas semanas encontró otro sendero, se dispuso a entrar en el, aunque sin mucha convicción, no le llamo tanto la atención como el anterior. A medida que lo fue transitando, se dio cuenta que no era como el otro, tenia otros árboles, otros pájaros merodeaban, otras plantas se amochaban alrededor. El sol brindaba otro calor, la luna, iluminaba la eterna noche de una manera distinta, no sabia si mejor o peor, simplemente distinta. A pesar de todo, el siguió extrañando el primer camino que había descubierto, quizás por simple nostalgia, o quizás porque en el se sentía un ser superior, no lo sabia, nunca lo sabría
Pasaron meses, incluso años, sin darse cuenta ya dejo de pensar en el refugio del primer sendero, y comenzó a andar, disfrutando de cada cosa que veía. Aprendió de las enseñanzas que a cada paso le brindaba el majestuoso camino en su andar. En determinado momento se dio cuenta que a la par, separado por apenas unos árboles, había otro sendero. Observándolo, se dio cuenta de que se trataba del primero que había recorrido, sin dudarlo, se inmiscuyo en el. Anduvo unos días por el, se sintió el hombre mas dichoso, pero en determinado momento, se dio cuenta de que echaba de menos todo lo que había vivido y aprendido en el segundo sendero. Igualmente siguió caminando, aunque ya no lo disfrutaba como la primera vez, cada paso le recordaba algo del anterior, una huella, algún árbol maltrecho por los vientos pero de pie, el canto de un ave, en fin, constantemente extrañaba las venturas del otro.
Siguió, hasta que ya no aguanto más, y decidió volver al bosque.
Es que se dio cuenta de que transitara el camino que transitara, siempre echaría de menos el otro. Cada uno tenía sus cualidades, sus virtudes, árboles coloridos, aves que frecuentaban, hojas amarillentas, hojas verdes, simples vivencias
Estuvo sentado en el bosque largos días, meditando, pensando, analizando su cabeza se encontraba sofocada de tanto pensar, sentía que le pesaba una tonelada, es que no podía parar de pensar que era lo que lo haría sentir mejor. Por un momento sintió que lo mejor era sumergir su mente en lo más profundo del olvido, pero no se podía.
Al pasar unos días se decidió, volvió a adentrarse en un camino, para su sorpresa y agrado, ya no pensaba en los encantos del otro, solo se limitaba a disfrutar lo que estaba viviendo.
Pasaron días, semanas, años.
Un día, se percato de que el otro camino volvía a acercarse, sin embargo no se sintió atraído a indagarlo ni por un instante. Al cabo de unas horas sintió unos pasos, venían del otro lado de los árboles, al hombre le extraño mucho, ya que el era el único que se encontraba en el bosque.
Trato de ser indiferente, aunque se preguntaba quien podía ser aquel otro que caminara por el sendero que él alguna ves supo recorrer.
De repente vio que unos metros mas adelante los caminos se juntaban, esto le produjo gran intriga, ya que iba a poder ver quien era la otra persona que transitaba el otro sendero.
Poco a poco se fue acercando, paso a paso, hasta que por fin llego al cruce y vio a la otra persona era el.