Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por saber lo que sabía
no me podía callar
al verla allí retozando
en aquel cañaveral.
Y más siendo la mujer
de un amigo fraternal,
como si fuera un hermano,
un amigo de verdad.
Y ella con aquel fulano,
tipo de baja moral,
entre las cañas yaciendo
mostrando deslealtad.
No podía estar callado
era imposible aguantar
al verla con aquel tipo
tirada en el lodazal.
Fruto de aquella pasión
que sin duda levantaba,
a costa de aquel marido
a quien iluso engañaba.
¡Cómo iba a dejar de hacerlo!
Si me quemaba en el alma
haberla visto a merced
del chulo que la besaba.
No me digas que ¿por qué,
no tuve el habla callada?
¿Que por qué no lo evité
que mi amigo se enterara?
Porque un amigo leal
no merece esa canalla
ni vivir toda una vida
engarzado a tal fulana.
A la que siempre adoró
como uno adora a su dama
y que perdió una mañana
entre las cañas, su fama.
Yo cumplí con mi deber
y al tiempo encontré mi calma
un amigo, es un amigo,
y su mujer, no era dama.
Que mereciese su amor
ni de mirarla a la cara
por haberle sido infiel
cuando la luna marchaba.
no me podía callar
al verla allí retozando
en aquel cañaveral.
Y más siendo la mujer
de un amigo fraternal,
como si fuera un hermano,
un amigo de verdad.
Y ella con aquel fulano,
tipo de baja moral,
entre las cañas yaciendo
mostrando deslealtad.
No podía estar callado
era imposible aguantar
al verla con aquel tipo
tirada en el lodazal.
Fruto de aquella pasión
que sin duda levantaba,
a costa de aquel marido
a quien iluso engañaba.
¡Cómo iba a dejar de hacerlo!
Si me quemaba en el alma
haberla visto a merced
del chulo que la besaba.
No me digas que ¿por qué,
no tuve el habla callada?
¿Que por qué no lo evité
que mi amigo se enterara?
Porque un amigo leal
no merece esa canalla
ni vivir toda una vida
engarzado a tal fulana.
A la que siempre adoró
como uno adora a su dama
y que perdió una mañana
entre las cañas, su fama.
Yo cumplí con mi deber
y al tiempo encontré mi calma
un amigo, es un amigo,
y su mujer, no era dama.
Que mereciese su amor
ni de mirarla a la cara
por haberle sido infiel
cuando la luna marchaba.