ludmila
Poeta veterano en el portal
Entretanto que doblega el músculo tenso
el dominio inquebrantable del silencio,
las caricias impregnadas son la calma
de un prístino recuerdo.
Donde el carrusel del orfanato de las horas
revuelve el calendario del infierno,
el impasse se desvanece como el alma
que se apaga sin remedio.
Como surge un adiós de un cementerio
empapado de sudor por el desquicio
se deshuesa la traición por la apariencia.
Y el cansancio se derrama en la inocencia
como un dolor que se anestesia en el abismo
por un después que murió en su cautiverio.
el dominio inquebrantable del silencio,
las caricias impregnadas son la calma
de un prístino recuerdo.
Donde el carrusel del orfanato de las horas
revuelve el calendario del infierno,
el impasse se desvanece como el alma
que se apaga sin remedio.
Como surge un adiós de un cementerio
empapado de sudor por el desquicio
se deshuesa la traición por la apariencia.
Y el cansancio se derrama en la inocencia
como un dolor que se anestesia en el abismo
por un después que murió en su cautiverio.