Silencio Nocturno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me entrego al pecado de tu boca
al calor de tu voz que deshace
el hielo de mi amanecer.
Recorro el contorno de tu cuello,
mis labios hacen un sendero de suspiros,
déjame morderlo.
Las palabras de mis manos quedan escritas
en el papel de tu piel,
pues luz soy ante el marfil de tu sonrisa
siempre besa la promesa de la mía,
ven, acércate.
Soy la madrugada eterna de tus sueños,
tú la piel inacabable de mis deseos.
Escucha mi voz ante el sagrado compás
de tu respiración.
Es el roce de tu cuerpo y el mío,
quiero sentirte.
Es el capricho de un susurro,
el querer cometer sacrilegio
contra el mar de tu cuerpo,
ser viento que acaricie y despierte,
tu deseo.