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el cervatillo

miara

Poeta asiduo al portal
En medio de un paraje,
para él desconocido,
andaba perdido un lobo.
Hambriento olfateaba
el rastro de alguna presa
que por aquel lugar
desprevenida pastara.

Del hombre huía.
Una partida de cazadores,
día y noche, le seguían.
Era una bestia brutal,
cuya ansia de sangre
nada podía saciar.

Había causado la muerte
de rebaños enteros,
e incluso a un pastor,
un muchacho apenas,
desgarros terribles
sus fauces produjeron.

Aquel lugar le era desconocido;
sin embargo, parecía tranquilo.
De repente, a su hocico
un olor sabroso le llegó.
Un pequeño cervatillo,
en la corriente oscura,
sin temor el agua bebía.

Rabioso, incontrolable,
con sus dientes desplegados,
atacó a la indefensa criatura
cuyos grandes ojos pardos
miraban aterrados.

Apenas se echó sobre él,
sintió una dolorosa punzada
como si le abrieran la garganta.
El cervato le había mordido
con unos dientes
como los de un vampiro.

Los ojos del animal
ahora brillaban rojos
y sus largos colmillos,
como si fueran
los de un dragón mítico,
relucían con la sangre
del lobo asesino.

Aterrado, con un miedo desconocido,
con el rabo entre las patas,
como si le persiguiera el infierno,
el lobo salió huyendo,
aullando y herido;
el encuentro había tenido
un desenlace desconcertante,
y del todo terrorífico.

El cervatillo volvió tranquilo,
recuperando su inocente aspecto,
al río donde estaba bebiendo,
ajeno al cartel que ponía:
"Cuidado. No beber. Nocivo.
Residuos radiactivos".
 
En medio de un paraje,
para él desconocido,
andaba perdido un lobo.
Hambriento olfateaba
el rastro de alguna presa
que por aquel lugar
desprevenida pastara.

Del hombre huía.
Una partida de cazadores,
día y noche, le seguían.
Era una bestia brutal,
cuya ansia de sangre
nada podía saciar.

Había causado la muerte
de rebaños enteros,
e incluso a un pastor,
un muchacho apenas,
desgarros terribles
sus fauces produjeron.

Aquel lugar le era desconocido;
sin embargo, parecía tranquilo.
De repente, a su hocico
un olor sabroso le llegó.
Un pequeño cervatillo,
en la corriente oscura,
sin temor el agua bebía.

Rabioso, incontrolable,
con sus dientes desplegados,
atacó a la indefensa criatura
cuyos grandes ojos pardos
miraban aterrados.

Apenas se echó sobre él,
sintió una dolorosa punzada
como si le abrieran la garganta.
El cervato le había mordido
con unos dientes
como los de un vampiro.

Los ojos del animal
ahora brillaban rojos
y sus largos colmillos,
como si fueran
los de un dragón mítico,
relucían con la sangre
del lobo asesino.

Aterrado, con un miedo desconocido,
con el rabo entre las patas,
como si le persiguiera el infierno,
el lobo salió huyendo,
aullando y herido;
el encuentro había tenido
un desenlace desconcertante,
y del todo terrorífico.

El cervatillo volvió tranquilo,
recuperando su inocente aspecto,
al río donde estaba bebiendo,
ajeno al cartel que ponía:
"Cuidado. No beber. Nocivo.
Residuos radiactivos".
Muy bueno , me gustó. Un saludo Miara y un placer leerte.
 

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