El chopo,en piramidal espectro su sombra,enerva los sentidos profanos de aquel que osa contemplarlo con ojos zafios.En su inmaculada radiación de encantos cantores,hipnotiza el alma del bello y terso sacerdote que cultiva margaritas en el huerto sagrado de sus pensamientos divinos.Mas cae el crepúsculo y el árbol ya ha perdido su doble fantasmal.Entonces,un leñador se acerca sudoroso y nervioso al vetusto árbol y de un solo golpe con su odiosa hacha de refulgir eterno,hace que el tallo duro caiga troceado de un solo tajo a la despampanante tierra cubierta de verdín rociado con las lágrimas de la ya bisiesta noche.Ésta,tranquila,contempla a través del tragaluz de la luna macilenta cómo el hombre sin escrúpulos se marcha riendo,como si de una hazaña maquiavélica hubiese dado usufructo,mas lo que no sabe en su obtuso pensamiento es que sus días y noches están contados para el eternal intelecto del divino cosmos intuitivo.