nube blanca
Poeta que no puede vivir sin el portal
Se percibe algún balido
por detrás de un matorral
y no sabe el forestal
la razón de tanto ruido.
Por la fuerza del quejido
sin dudar ningún momento,
hace rápido un recuento
de su rifle y escarcela
y esa siesta la cancela
para ver aquel lamento.
Al pasar algunas horas
muy cansado y sudoroso,
ve la cueva de un gran oso
entre ramas trepadoras.
Con sus dotes buscadoras
a una presa vio mordida
y sangrándole la herida
se quedó solo en un susto
y después de tal disgusto
por el guarda fue atendida.
Era un ciervo de unos años
con la pata lastimada
y tristeza en su mirada
por la causa de esos daños.
Lo curó con unos paños
de agua fría como el hielo
y cruzando aquel riachuelo
a su cría fue a buscar,
no volviéndola a dejar
sin calor y sin consuelo.
Tere B.O
21-07-2015