musador
esperando...
El día en que naciste ya el ciprés te esperaba,
copa de eterno viento señalando tu estrella,
ancla del ciego mármol que luce muda aldaba,
raíz donde tu carne dejará apenas huella.
Ciprés que quieto sigue de tu figura esclava
los ilusorios pasos con que tu sueño sella
el camino a su sombra donde el pasar acaba
dejando de mensajes vacía la botella.
¿Me pides que te pinte remando tu madero
con las náufragas olas que ríen en tu abrazo
y el alba que desnuda dulce orilla desierta?
Es polvo tu silencio sembrado en el sendero
que dibuja sus curvas por alargar el plazo
en que el ciprés que pinto dará sombra a tu puerta.
Mi título refiere al ciprés del verso 19 en la «Epístola a los pisones» («Arte poética») del poeta latino Horacio.
copa de eterno viento señalando tu estrella,
ancla del ciego mármol que luce muda aldaba,
raíz donde tu carne dejará apenas huella.
Ciprés que quieto sigue de tu figura esclava
los ilusorios pasos con que tu sueño sella
el camino a su sombra donde el pasar acaba
dejando de mensajes vacía la botella.
¿Me pides que te pinte remando tu madero
con las náufragas olas que ríen en tu abrazo
y el alba que desnuda dulce orilla desierta?
Es polvo tu silencio sembrado en el sendero
que dibuja sus curvas por alargar el plazo
en que el ciprés que pinto dará sombra a tu puerta.
Mi título refiere al ciprés del verso 19 en la «Epístola a los pisones» («Arte poética») del poeta latino Horacio.