Lírico.
Exp..
El consuelo
Su mente se volvía
algún lugar inhóspito,
como un centro psiquiátrico
a la hora del recreo;
aturdía sus días
igual que ese zumbido
de un tábano instalado
en su memoria pálida;
torturaba su aplomo
por unas galerías
de espejos malsonantes.
Su mente era una trama
donde lo que él amaba
se hundía en un pantano
de falso entendimiento.
Quiso salir de allí,
mirar hacia otro sitio
donde las horas fueran
limpias y hospitalarias.
No sospechaba nunca
que más allá de aquel
cerrado territorio
de su mente, hallaría
un paisaje inundado
de mieles y ternura.
Cuando determinó
que sólo en este bello
remanso de cordura
su amor se haría alcor
alzado sobre ruinas,
un viento adusto y negro
trazó su mueca flaca
entre la luz. Su casa
ya no se parecía
a nada, nada supo
hacer ante la incierta
presencia de un consuelo
que tocaba a su puerta
sin sustancia: era tarde.
Su mente se volvía
algún lugar inhóspito,
como un centro psiquiátrico
a la hora del recreo;
aturdía sus días
igual que ese zumbido
de un tábano instalado
en su memoria pálida;
torturaba su aplomo
por unas galerías
de espejos malsonantes.
Su mente era una trama
donde lo que él amaba
se hundía en un pantano
de falso entendimiento.
Quiso salir de allí,
mirar hacia otro sitio
donde las horas fueran
limpias y hospitalarias.
No sospechaba nunca
que más allá de aquel
cerrado territorio
de su mente, hallaría
un paisaje inundado
de mieles y ternura.
Cuando determinó
que sólo en este bello
remanso de cordura
su amor se haría alcor
alzado sobre ruinas,
un viento adusto y negro
trazó su mueca flaca
entre la luz. Su casa
ya no se parecía
a nada, nada supo
hacer ante la incierta
presencia de un consuelo
que tocaba a su puerta
sin sustancia: era tarde.
Última edición: