kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL CONTACTO INHUMANO
Se alzaban desafiantes las olas
rompiendo sus crestas a unos metros
de un niño que se acababa de hacer hombre.
Cómo llovía aquella tarde de diciembre.
Me giré hacia atrás
y contemplé a mi madre apartándose el flequillo,
lentamente,
con esa sobredosis de tristeza en la mirada
de quien lo ha perdido todo.
Supe que había llegado el momento
y lancé la maldita urna
con todas mis fuerzas hacia el mar
quebrándose contra el filo de una roca.
Acompañaban a mi madre en el ritual
abuelos, hermanos, primos, amigos,
gente desconocida,
al parecer conocida,
gente de paso,
todos ellos cubiertos por cromáticos paraguas;
las gaviotas,
—cuántas gaviotas—
la lluvia, las olas, el viento, las nubes, el ocaso…
y yo.
Después llegaron los abrazos
y los recuerdos
—que cada uno recuerda a su manera—,
y en definitiva ese contacto tan atávico como indispensable
en el que el muerto se hace fetiche.
Aquella tarde comprendí lo insoportablemente solos que estamos
y que somos incapaces de ponernos en el lugar del otro.
Tal vez no sea ésta una cualidad propia del ser humano.
Ahora ya sé
que la única certeza en esta vida
es que absolutamente nada es lo que parece.
De la soledad que somos
tan solo nos salvará la muerte
y puede
que el amor de una madre, a veces, también.
Kalkbadan
Madrid, 23 de febrero de 2015
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