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Existe un instante eterno
en que alumbras mi memoria,
y se me agotan los pálpitos,
cuando, amoroso, me abordas;
momentos que la fortuna
con arrebatos me ronda.
Son horas donde contigo
mis entrañas se desbocan.
¡Ay, instantes …, qué fugaces,
se eternizan si me gozas!
¡Ay, amor de ahora y siempre!
Tu presencia me arrebola
cual horizonte al crepúsculo
que a mis ensueños corona.
Mis irisadas praderas,
deseosas de tus frondas,
claman a los cuatro vientos
el crisol de tus auroras.
Existe un instante eterno
en que alumbras mi memoria,
y se me agotan los pálpitos,
cuando, amoroso, me abordas;
momentos que la fortuna
con arrebatos me ronda.
Son horas donde contigo
mis entrañas se desbocan.
¡Ay, instantes …, qué fugaces,
se eternizan si me gozas!
¡Ay, amor de ahora y siempre!
Tu presencia me arrebola
cual horizonte al crepúsculo
que a mis ensueños corona.
Mis irisadas praderas,
deseosas de tus frondas,
claman a los cuatro vientos
el crisol de tus auroras.
A mí me parece, compañera, que los cuatro vientos, y cinco si los hubiera,
harán lo que sea por tener contenta a la naturaleza
Qué buen color me llevo, Isabel, un abrazo grande.
Existe un instante eterno
en que alumbras mi memoria,
y se me agotan los pálpitos,
cuando, amoroso, me abordas;
momentos que la fortuna
con arrebatos me ronda.
Son horas donde contigo
mis entrañas se desbocan.
¡Ay, instantes …, qué fugaces,
se eternizan si me gozas!
¡Ay, amor de ahora y siempre!
Tu presencia me arrebola
cual horizonte al crepúsculo
que a mis ensueños corona.
Mis irisadas praderas,
deseosas de tus frondas,
claman a los cuatro vientos
el crisol de tus auroras.
Existe un instante eterno
en que alumbras mi memoria,
y se me agotan los pálpitos,
cuando, amoroso, me abordas;
momentos que la fortuna
con arrebatos me ronda.
Son horas donde contigo
mis entrañas se desbocan.
¡Ay, instantes …, qué fugaces,
se eternizan si me gozas!
¡Ay, amor de ahora y siempre!
Tu presencia me arrebola
cual horizonte al crepúsculo
que a mis ensueños corona.
Mis irisadas praderas,
deseosas de tus frondas,
claman a los cuatro vientos
el crisol de tus auroras.
Vehementes y románticas letras Isabel y como siempre resuman plenas de poesía.
Un abrazo querida amiga.
Saludos al "León de Granada"...Está alejado de M.P
Esa es la clave, la esencia de los amores destinados, elegidos y hermosos que nos hacen cantarles todo el tiempo.
Hoy decía en otro comentario a un compañero que cuando veo historias de amores buenos no puedo más que identificarlas con la mía.
Por eso me encanta leerte, Isabel, por ese culto tan bello que siempre estás rindiendo al amor.
Tu poesía hace bien y bien de verdad.
Un gran abrazo.