El Cristo de Pompeya

Orfelunio

Poeta veterano en el portal

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El Cristo de
Pompeya


Desde el más elemental discurso
en que pueda encaminar palabra,
hablaré hacia el ingenio puntual,
descargando la insufrible ignorancia
no en las cosas anodinas,
ni en las tristes tardes aburridas,
sino en bronces y oros de un Titán,
que en su plata armadura ilumina
todo un viejo mundo virtual.

Como la voz frente al silencio,
y como el espejo tras siluetas,
recorre un mar con su reflejo
cuando los ecos dejan metas.

Hablo de mis curvas y mis rectas,
de mis días y mis noches,
pero atento a la epopeya
que sabiendo su acabose,
no fue tal como Pompeya,
que vivía permanente
en sacudidas y temblores,
y quedó toda su gente
tatuándose la pose.

Y llegó ése mal día
en que un volcán dejó su fama;
y comercios y pobres,
y gente rica y sus orgías,
asfixiaron campo y cama,
niño y niña aunque nos llore,
enterrando la tranquila
alma altiva pompeyana.

Así yo espero la erupción
que no me coja desprovisto,
de pluma y tinta en el bolsón
con un papel por si algo escribo,
si me queda un tragaluz,
donde pueda ver la cruz
y de nuevo salga un Cristo.
 
Muy interesantes letras y me ha resultado grato el leerlas, además puntual al decir que hay que estar siempre preperados a la llegada de esos momentos de inspiración. Saludos.
 

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