Love Craft
Poeta asiduo al portal
En ese momento la carne cruda desató sus instintos y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.
Cuento anónimo hindú
Esto es lo que supe desde que extendí mis dedos y toqué la fría e inexorable superficie del pulido espejo.
El extraño, Lovecraft
Tiempo tibio y áspero. La Luna en su fase más sorprendente iluminando mi mente en la búsqueda de mi vida. Las nubes desvelan aquella luz de cera, creando una ceguera en mis atormentados ojos, al ver el rayo nacer, esperando la lluvia, las lágrimas.
Si uno entendiera el estado de conciencia al que tuvo que ser sometida mi mente, buscaría el camino del último aliento. Y aunque busqué mi propia muerte, se me prohibió el paso. A la sombra de este álamo, comprendí el significado. Mis actos perversos tuvieron al fin un nombre. Pero el remordimiento continúa, y la explosión de emociones camina en su rumbo caudaloso.
La fragancia carmesí que percibí era la misma que me volcó al pecado y al intento de formular una respuesta. Ese irresistible perfume me sedujo, y era lo único que discernía en la oscuridad reinante.
Mis encolerizados reflejos no querían obedecer, a causa del mayor uso de la lógica y los sentidos. Aunque también podría ser una decisión más inteligente por parte de ellos.
Seguí sentado, mientras algo cálido parecía empujarme al vacío del placer. En aquel instante, extrañas figuras interrumpieron la meditación y se prolongaban más la sed y las ansias.
Perplejo me quedé, pero listo en cualquier momento para la acción. Mis manos se crisparon, como en posición de apuñalar esa agitación permanente.
Sombras empezaron a distinguirse. Rostros comenzaron a inundar el horizonte, como un negro sol de melancolía.
Algunas horas pasaron, y las voces pesaban en el silencio como círculos sobre el agua. De repente, todo cambió. Mis oídos auscultaban esa nota siniestra. Mis ojos fijos en ellos. Mi piel notaba cada vibración del ser viviente. Cada suspiro se sentía tan cercano. El perfume rojo no dejaba de hablarme. Me aturdían tantas maldiciones. Sólo faltaba que mi lengua sienta el gusto, el sabor de sus almas.
Al acercarme, parecían asustados de mi presencia. Tal vez por lo que soy. La alegría me salpicaba de más adicción a la adrenalina, y a poner fin a todo esto, mientras trato de apurarme al escribir recordando.
Mi mano, sin mi consentimiento, clavó las garras en algo. Rápidamente, se llenó de un líquido espeso y delicado que me tiñó de rojo. (¡Oh si fuese el contacto de esta herida abierta tu húmedo beso, mi amada Muerte!) . A la par, mientras libo ese dulce néctar que me llenó de paz, se oían asquerosos murmullos, casi gritos. El ruido se cortó al arrancar mis dientas la carne. Nada quedó, sólo unas cuantas manchas de sangre.
Si este recuerdo tuviera alguna moraleja, sería una de las enseñanzas más negras y duras. Pero ahora puedo suspirar tranquilo, al comprender por qué en la espesura de la noche se suceden los momentos de mayor alegoría de mi espíritu y de mi vida. Sólo ansío que algún día mi cuerpo se pudra en sangre y muera.
Cuento anónimo hindú
Esto es lo que supe desde que extendí mis dedos y toqué la fría e inexorable superficie del pulido espejo.
El extraño, Lovecraft
Tiempo tibio y áspero. La Luna en su fase más sorprendente iluminando mi mente en la búsqueda de mi vida. Las nubes desvelan aquella luz de cera, creando una ceguera en mis atormentados ojos, al ver el rayo nacer, esperando la lluvia, las lágrimas.
Si uno entendiera el estado de conciencia al que tuvo que ser sometida mi mente, buscaría el camino del último aliento. Y aunque busqué mi propia muerte, se me prohibió el paso. A la sombra de este álamo, comprendí el significado. Mis actos perversos tuvieron al fin un nombre. Pero el remordimiento continúa, y la explosión de emociones camina en su rumbo caudaloso.
La fragancia carmesí que percibí era la misma que me volcó al pecado y al intento de formular una respuesta. Ese irresistible perfume me sedujo, y era lo único que discernía en la oscuridad reinante.
Mis encolerizados reflejos no querían obedecer, a causa del mayor uso de la lógica y los sentidos. Aunque también podría ser una decisión más inteligente por parte de ellos.
Seguí sentado, mientras algo cálido parecía empujarme al vacío del placer. En aquel instante, extrañas figuras interrumpieron la meditación y se prolongaban más la sed y las ansias.
Perplejo me quedé, pero listo en cualquier momento para la acción. Mis manos se crisparon, como en posición de apuñalar esa agitación permanente.
Sombras empezaron a distinguirse. Rostros comenzaron a inundar el horizonte, como un negro sol de melancolía.
Algunas horas pasaron, y las voces pesaban en el silencio como círculos sobre el agua. De repente, todo cambió. Mis oídos auscultaban esa nota siniestra. Mis ojos fijos en ellos. Mi piel notaba cada vibración del ser viviente. Cada suspiro se sentía tan cercano. El perfume rojo no dejaba de hablarme. Me aturdían tantas maldiciones. Sólo faltaba que mi lengua sienta el gusto, el sabor de sus almas.
Al acercarme, parecían asustados de mi presencia. Tal vez por lo que soy. La alegría me salpicaba de más adicción a la adrenalina, y a poner fin a todo esto, mientras trato de apurarme al escribir recordando.
Mi mano, sin mi consentimiento, clavó las garras en algo. Rápidamente, se llenó de un líquido espeso y delicado que me tiñó de rojo. (¡Oh si fuese el contacto de esta herida abierta tu húmedo beso, mi amada Muerte!) . A la par, mientras libo ese dulce néctar que me llenó de paz, se oían asquerosos murmullos, casi gritos. El ruido se cortó al arrancar mis dientas la carne. Nada quedó, sólo unas cuantas manchas de sangre.
Si este recuerdo tuviera alguna moraleja, sería una de las enseñanzas más negras y duras. Pero ahora puedo suspirar tranquilo, al comprender por qué en la espesura de la noche se suceden los momentos de mayor alegoría de mi espíritu y de mi vida. Sólo ansío que algún día mi cuerpo se pudra en sangre y muera.
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