carlos_cisneros
Poeta asiduo al portal
Se detuvo, manteniéndome asido de mi mano.
Nos miramos un instante
Sonreía; sus alegres ojos, me hipnotizaban
Acomodó sus cabellos con su mano izquierda, y recostó su cuerpo sobre la pared de cristal de aquél pequeño cuarto de exposiciones, llenos de pinturas de cuyo autor, enamorado del lugar, reflejaba cada parte de esta hermosa playa.
Sus manos se juntaron tras su espalda, como buscando tener algo blando en que apoyarse. Me miró con esa dulzura tan ajena e inocente que no podía dejar de verla.
Me acerque a besarla, con ese temor que se nos viene cuando aún tenemos ese pensamiento de estar viviendo algo o soñándolo. Apoyó una de sus manos en mi pecho, y mordisqueando mis labios con esa coquetería natural, me apartó con suavidad de ella.
La brisa juega conmigo, hoy que la tarde cae lento; y mi corazón replica sus ansias, y esas horas de ayer, que desean volver, sólo se quedan en mis pensamientos.
El pequeño cuarto de exposiciones ya no está en aquél lugar; una banqueta circular ocupa aquél sitio. El muelle tiene una mejor mirada desde aquél morro donde otras gaviotas descansan su vuelo y arremeten hacia el mar.
¡Tania!... ¡Tania! .
Las olas del mar siguen siendo cabalgadas por caballitos de totora, que por las tardes duermen a orillas del mar
Hoy he vuelto bajo el muelle a llorar mi soledad.
Nos miramos un instante
Sonreía; sus alegres ojos, me hipnotizaban
Acomodó sus cabellos con su mano izquierda, y recostó su cuerpo sobre la pared de cristal de aquél pequeño cuarto de exposiciones, llenos de pinturas de cuyo autor, enamorado del lugar, reflejaba cada parte de esta hermosa playa.
Sus manos se juntaron tras su espalda, como buscando tener algo blando en que apoyarse. Me miró con esa dulzura tan ajena e inocente que no podía dejar de verla.
Me acerque a besarla, con ese temor que se nos viene cuando aún tenemos ese pensamiento de estar viviendo algo o soñándolo. Apoyó una de sus manos en mi pecho, y mordisqueando mis labios con esa coquetería natural, me apartó con suavidad de ella.
La brisa juega conmigo, hoy que la tarde cae lento; y mi corazón replica sus ansias, y esas horas de ayer, que desean volver, sólo se quedan en mis pensamientos.
El pequeño cuarto de exposiciones ya no está en aquél lugar; una banqueta circular ocupa aquél sitio. El muelle tiene una mejor mirada desde aquél morro donde otras gaviotas descansan su vuelo y arremeten hacia el mar.
¡Tania!... ¡Tania! .
Las olas del mar siguen siendo cabalgadas por caballitos de totora, que por las tardes duermen a orillas del mar
Hoy he vuelto bajo el muelle a llorar mi soledad.
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