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El cuatrero
El viejo saltó de su caballo
cayendo al piso como un rayo,
se dirigió al estanco.
Sentados en cuatro bancos
se encontraban unos hombres
gozando y riendo a carcajadas
con tortillas y cuajadas pasaban
unos tragos.
Sonaban las espuelas del viejo
al chocar con el tambo y es que
no era cualquier tango el que se
iba escuchar ahí.
Traiga una botella
-dijo el viejo al cantinero-,
que quiero aflojar el pecho desta
resma que me ando.
No fue fácil pasar arreando
toda la noche bajo un torrencial
aguacero 300 cabezas de ganado.
Casi me tiro al nado el río grande,
que de tan hondo questaba,
casi con todo y caballo me arrastraba
a lo profundo y me dejó meditabundo
de pensar en la muerte.
Creo ques la vejez la que
me trae chochando, me jacuerdo
cuando el contrabando era
mi forma de vida, no tenía
ni tiempo para dormir,
no tenía nada que pedir .
Uno de los hombres de la
otra mesa escuchó lo que
al cantinero el viejo decía.
Comentó con los otros
— este es el hijueputa
que hace 20 años nos robó
el ganado—
Vean donde lo he encontrado
sin andarlo buscando el diablo
me lo ha puesto en el camino.
Sin mediar más tiempo dijo
— ¡Oye viejo! Este volteo al
escuchar al hombre, lo miró
profundamente y a su mente
regresó aquel rostro,
¡Viejo hijueputa desgraciado!
¡Hoy te mueres! Descenfundando
su magnum 357 sonaron los balazos
de aquellos revólveres, se escuchó
el desplome de dos cuerpos, se
esparció el humo, quedaron sin
vida aquellos dos hombres
tirados en el tambo.
Dr. Augusto Morales Velásquez.
El cuatrero
El viejo saltó de su caballo
cayendo al piso como un rayo,
se dirigió al estanco.
Sentados en cuatro bancos
se encontraban unos hombres
gozando y riendo a carcajadas
con tortillas y cuajadas pasaban
unos tragos.
Sonaban las espuelas del viejo
al chocar con el tambo y es que
no era cualquier tango el que se
iba escuchar ahí.
Traiga una botella
-dijo el viejo al cantinero-,
que quiero aflojar el pecho desta
resma que me ando.
No fue fácil pasar arreando
toda la noche bajo un torrencial
aguacero 300 cabezas de ganado.
Casi me tiro al nado el río grande,
que de tan hondo questaba,
casi con todo y caballo me arrastraba
a lo profundo y me dejó meditabundo
de pensar en la muerte.
Creo ques la vejez la que
me trae chochando, me jacuerdo
cuando el contrabando era
mi forma de vida, no tenía
ni tiempo para dormir,
no tenía nada que pedir .
Uno de los hombres de la
otra mesa escuchó lo que
al cantinero el viejo decía.
Comentó con los otros
— este es el hijueputa
que hace 20 años nos robó
el ganado—
Vean donde lo he encontrado
sin andarlo buscando el diablo
me lo ha puesto en el camino.
Sin mediar más tiempo dijo
— ¡Oye viejo! Este volteo al
escuchar al hombre, lo miró
profundamente y a su mente
regresó aquel rostro,
¡Viejo hijueputa desgraciado!
¡Hoy te mueres! Descenfundando
su magnum 357 sonaron los balazos
de aquellos revólveres, se escuchó
el desplome de dos cuerpos, se
esparció el humo, quedaron sin
vida aquellos dos hombres
tirados en el tambo.
Dr. Augusto Morales Velásquez.