El curso del hachís

Lírico.

Exp..
El curso del hachís

Poderoso señor de la desidia;
hábil tejedor de vacuos sueños;
néctar que nos robas nuestro tiempo
a cambio de más tiempo para nada.
Blanda indolencia con que todo
lo sometes a escrutinio inusitado.
Un displicente amor tú nos induces;
un devenir estático nos dictas.
El tráfago del mundo que discurre,
en atónito lago nos lo tornas.
La ordenada vigilia en su rutina,
en hermosa extrañeza tú la vuelves.
Trampantojo voraz, audaz olvido;
belleza sobre un lecho de embelecos;
abigarrada nada supurante
de ese dulce sopor de indiferencias.
En tu tierna voluta de ilusiones,
la voluntad nos raptas
y derrotada luego nos la entregas.
Tu seductora estancia en la inminencia
del segundo no frena su decurso.
Tu suave latrocinio del deseo
a la postre no puede erradicarlo
y tan sólo lo adormece, lo fatiga,
mas no logra poner fin a su furia.
Y así tú consigues que habitemos
como unas criaturas de la sombra
que en más sombra habitar sólo desean.

Ignoro tu designio, pero intuyo
que estás en contubernio con el tiempo
que no acepta ser tiempo y se rebela,
y es por eso que grande es nuestra pérdida
cuando a nosotros vienes.

Permanece en tu trono imaginario
o claudica si puedes en tu noche,
pero no regreses más,
ya no estoy ciego.
 

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