El desamor

penabad57

Poeta veterano en el portal
Hay un caracol que repta sordo por tu silencio.
Y trenes fugitivos en tus uñas. Hay melancólicas
elipses en el sinfín de orquídeas donde envejece
la sed. Hay lóbulos de azahar en las cortinas
que ocultan el deseo de las sirenas. Existe
un barranco de lapislázuli y ovillos sin Atlántida
en la luz de tu frente. Maduran frutos de metal
bajo las cornisas de chocolate, y es un dulce
de lluvia el beso infantil del confite que hila
su azúcar con misterios de araña sobre tu piel
de ángel. Esta noche los carámbanos procrean,
el hielo emerge en tu arrebol, la latitud
de mi hombro mira, sin querer, las hojas
del olivo que, mansamente caen, igual
que preguntas de nieve, y no se alejan
con los ojos del azor; así tu lejanía,
será que, al fin, está llegando el invierno.
 
Última edición:
Hay un caracol que repta sordo por tu silencio.
Y trenes fugitivos en tus uñas. Hay melancólicas
elipses en el sinfín de orquídeas donde envejece
la sed. Hay lóbulos de azahar en las cortinas
que ocultan el deseo de las sirenas. Existe
un barranco de lapislázuli y ovillos sin Atlántida
en la luz de tu frente. Maduran frutos de metal
bajo las cornisas de chocolate, y es un dulce
de lluvia el beso infantil del confite que hila
su azúcar con misterios de araña sobre tu piel
de ángel. Esta noche los carámbanos procrean,
el hielo emerge en tu arrebol, la latitud
de mi hombro mira, sin querer, las hojas
del olivo que, mansamente caen, igual
que preguntas de nieve, y no se alejan
con los ojos del azor; así tu lejanía,
será que, al fin, está llegando el invierno.
Si es así está eligiendo buenas señales para traerte la buena nueva. Un abrazo, penabad.
 
Hay un caracol que repta sordo por tu silencio.
Y trenes fugitivos en tus uñas. Hay melancólicas
elipses en el sinfín de orquídeas donde envejece
la sed. Hay lóbulos de azahar en las cortinas
que ocultan el deseo de las sirenas. Existe
un barranco de lapislázuli y ovillos sin Atlántida
en la luz de tu frente. Maduran frutos de metal
bajo las cornisas de chocolate, y es un dulce
de lluvia el beso infantil del confite que hila
su azúcar con misterios de araña sobre tu piel
de ángel. Esta noche los carámbanos procrean,
el hielo emerge en tu arrebol, la latitud
de mi hombro mira, sin querer, las hojas
del olivo que, mansamente caen, igual
que preguntas de nieve, y no se alejan
con los ojos del azor; así tu lejanía,
será que, al fin, está llegando el invierno.


Hay tanta ternura en tus palabras... creo que inclusive puede hallarse en el desamor. Pienso al desamor como un estado de etapa concluida, no tiene que ver con despechos u odios, simplemente los sentimientos se van. Aunque lo bueno es que no es irreversible, se puede volver de él, así como después del invierno llega la primavera.
Tu trabajo es hermoso y profundo. Me encantó reflexionar.
Un abrazo, amigo.
 
Última edición:
Hay tanta ternura en tus palabras... creo que inclusive puede hallarse en el desamor. Pienso al desamor como un estado de etapa concluida, no tiene que ver con despechos u odios, simplemente los sentimientos se van. Aunque lo bueno es que no es irreversible, se puede volver de él, así como después del invierno llega la primavera.
Tu trabajo es hermoso y profundo. Me encantó reflexionar.
Un abrazo, amigo.
En la mayoría de los casos el desamor es irreversible, aunque no siempre. Me viene a la cabeza el caso de Elizabeth Taylor y Richard Burton que se casaron dos veces. El desamor es el fin de un camino juntos y si es sin resentimiento mejor, hasta, como bien dices, puede existir ternura en él. Gracias, amiga, por la lectura y el bonito comentario. Un abrazo.
 
Hay un caracol que repta sordo por tu silencio.
Y trenes fugitivos en tus uñas. Hay melancólicas
elipses en el sinfín de orquídeas donde envejece
la sed. Hay lóbulos de azahar en las cortinas
que ocultan el deseo de las sirenas. Existe
un barranco de lapislázuli y ovillos sin Atlántida
en la luz de tu frente. Maduran frutos de metal
bajo las cornisas de chocolate, y es un dulce
de lluvia el beso infantil del confite que hila
su azúcar con misterios de araña sobre tu piel
de ángel. Esta noche los carámbanos procrean,
el hielo emerge en tu arrebol, la latitud
de mi hombro mira, sin querer, las hojas
del olivo que, mansamente caen, igual
que preguntas de nieve, y no se alejan
con los ojos del azor; así tu lejanía,
será que, al fin, está llegando el invierno.
Que complicado para leerlo se me hace y en cambio que bonito cuando le coges la carrerilla.
Gracias es precioso
Un saludo
 

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