Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
De que sirve pensar en huesos olvidados, de
que sirve pensar en quien no te a
pensado.
Desterrado de todo, hasta de las mentes tuyas
que olvidaron lo que hiciste,
como un día nublado, te fuiste, como
un día de sol cualquiera, nadie se
acuerda que naciste.
Como el polvo de los caminos muertos,
como el viento que toca la cara, tan
imperceptible como las miles de estrellas, que
nadie ve, te fuiste una noche de
uniformes verdes enardecidos por la
vileza de las ideas encontradas.
¿Quien fuiste tú? Si no un obrero, con ojos
de niño. ¿Quién fuiste tú? , si no un mártir sin
nombre, una cruz que nadie sembró, un
nombre que nadie menciono.
Uno más de tantos que la muerte compro en
escudos sin valor.
¿ Donde estarán tus huesos inocentes, donde estará
tu última mirada ,que te llevo tras el fuego
espantoso del cilindro poderoso que se llevo la
luz de tus ojos y tu sin saber nada , ignorando todo?
Ese pedernal inocuo que sonó una vez y borro todo.
te saco de la vida y dejo testigos ciegos y sordos al
amparo de esos magnos yugos del dictador.
¿Dónde estarán tus huesos Manuel? ¿Donde se
cerraron tus ojos obreros, con ganas de harina y de sol?
¿Cómo se habrán cerrado tus manos de niño simplón?, en
la muerte inmerecida de hombre del sur.
Me quedo sentado en el tiempo, tratando de entender,
cuando venias con los baldes de agua para
apoyar el lavado campestre, con tus ojos
brillantes al atardecer, Manuel, tío Manuel, con
tus huesos sembrados al viento, con tu tés
diluida mil veces por la escarcha.
No puedo entender como un ser como tu
pudo servir al escarnio vil de las armas, ¿Cómo
tú pudiste servir? Si eras unos de aquellos
nobles que se bastaban con un pan y un
café por las tardes y con todo lo que un
labriego podía ambicionar. Como tu frente
pudo servir en el sur, donde todo era nada
y donde nada era mucho?
¿Como una vida se fue sin tan poco valor?, ¿Cómo
de tantos te eligieron a ti? Yo soy uno de nadie
que te recuerda Manuel, puedo decir que tus
ojos los recuerdo bien, yo rompía todo de niño
y de hacha eran mis manos, que otro nombre
me podrías poner.
Con tu impronta de hombre de campo , no
existe otro nombre que merecer.
No entiendo porque ese yugo que amparo mi
vida entera pudo segar la tuya, tío Manuel.
De eso ojos inocentes, de esas manos inconscientes
de la pronta muerte, me acuerdo cuando cruzaste
el puente por última vez.
Adiós tío Manuel, ¿ Donde estarán tus huesos?,
No lo sé y quizás nunca lo sabré.
A tu memoria.
Última edición: