Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
EL DESFILE TERMINA
Cada calle del mundo es muda;
cada esquina, cada esquirla de ventana
que se asoma;
cada piedra, cada grieta en las paredes,
cada hendija bajo las puertas
que el recuerdo acumula.
Cada mirada que incluso nace enferma
en torno al pavimento, al tiempo
que aligera su prisa
como un daño insospechado.
Cada calle llama con sus nombres...
el que vivió aquí lo sabe,
vio surgir estas ruindades
que ahora son estacas,
trabas sin sentido
de ayeres superpuestos;
el que vivió aquí lo entiende.
Cada calle,
cada esquina del mundo es sorda.
Yo miro pasar por ellas
los hombres
-sus denuedos, sus angustias-
los saludo fragoroso
mientras
el desfile termina y
el ultimo viva
pasa cansado.
Cada calle del mundo es muda;
cada esquina, cada esquirla de ventana
que se asoma;
cada piedra, cada grieta en las paredes,
cada hendija bajo las puertas
que el recuerdo acumula.
Cada mirada que incluso nace enferma
en torno al pavimento, al tiempo
que aligera su prisa
como un daño insospechado.
Cada calle llama con sus nombres...
el que vivió aquí lo sabe,
vio surgir estas ruindades
que ahora son estacas,
trabas sin sentido
de ayeres superpuestos;
el que vivió aquí lo entiende.
Cada calle,
cada esquina del mundo es sorda.
Yo miro pasar por ellas
los hombres
-sus denuedos, sus angustias-
los saludo fragoroso
mientras
el desfile termina y
el ultimo viva
pasa cansado.
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