Mayca
ES EL MOMENTO DE DESPERTAR A LA ESPIRITUALIDAD
Voy navegando por el mar, un barco me lleva lejos de mi hogar, la mirada esta perdida en el horizonte, detrás una bandada de gaviotas vuela alto planea hasta rozar el mástil del velero, la noche está oscura sólo iluminada por la bella luna.
El velero va lento guiado por el viento hacia otro destino lejos de mi patria querida, la brisa marina me despeina juguetea con mi rostro, mi fina piel se sonroja por el contacto con el aire gélido de la marisma de la noche. Allí estará mi amado esperando mi encuentro, deseando rozar mis mejillas tan delicadas comprobar que soy de carne y hueso, llega por fin el ansiado anhelo.
Siento en mi interior el hormigueo terrible, una duda impera mi vida, ¿deseará el hombre amado mirar mi rostro? ¡qué será de mi vida después de la lucha para llegar al otro lado del mundo!.
Pasan los días, mi corazón se llena de emociones que hacen que día a día surja el terrible miedo a la no aceptación mis pensamientos me aterran a la vez que muero por conocer al hombre que ha hecho que mi vida se llene de entusiasmo.
Y al llegar al puerto, suspiré cuando lo ví, sigilosamente se acercó a darme un beso, mi pecho se salía conmovido, su cuerpo abrazado al mío me llenaba de tremendas sensaciones, acurrucados los dos nos bebíamos las lágrimas, sentados mirando al mar de fondo la luna llena.
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El velero va lento guiado por el viento hacia otro destino lejos de mi patria querida, la brisa marina me despeina juguetea con mi rostro, mi fina piel se sonroja por el contacto con el aire gélido de la marisma de la noche. Allí estará mi amado esperando mi encuentro, deseando rozar mis mejillas tan delicadas comprobar que soy de carne y hueso, llega por fin el ansiado anhelo.
Siento en mi interior el hormigueo terrible, una duda impera mi vida, ¿deseará el hombre amado mirar mi rostro? ¡qué será de mi vida después de la lucha para llegar al otro lado del mundo!.
Pasan los días, mi corazón se llena de emociones que hacen que día a día surja el terrible miedo a la no aceptación mis pensamientos me aterran a la vez que muero por conocer al hombre que ha hecho que mi vida se llene de entusiasmo.
Y al llegar al puerto, suspiré cuando lo ví, sigilosamente se acercó a darme un beso, mi pecho se salía conmovido, su cuerpo abrazado al mío me llenaba de tremendas sensaciones, acurrucados los dos nos bebíamos las lágrimas, sentados mirando al mar de fondo la luna llena.
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