El día en que

Marcos Estrada

Poeta recién llegado
Empapados en salitre del rocío holístico, caminan grises con sus cabezas gachas y sus hombros caídos,

Aguardan sin importar el resto, se mueven, hablan, bailan, van y vienen

Caminantes errantes hacia el submundo infernal, de los efectos de sonidos, túneles y reclamos, algo fantásticos mientras estás en la lata de sardinas, para y sigue, frena y avanza

Combinar como el amarillo y el rojo, verde!, una, dos, tres, hasta llegar;

Influenciado de multicolores razones, llegaste, burdeo a color papel

Huídas rápidas y tensas hasta en la mesa redonda tuve que estar;

Vociferé a los octogenarios vientos que su lenta muerte jamás iba a saludar de pies juntos su gran despedida

Verde, dulce verde, tomates, recibos, orégano y gas, queso negro, miradas acallar

La mala suerte no se viste de conejo, tiene un aspecto sensual, que se burla, a ratos te pega, pero vuelve a burlarse

Otra vez a los túneles, influenciados de su fuego infernal, ahora con la mala suerte de los hombros y el pequeño verde amurrado en su regazo

Caminando en fuego se llega al treinta, tecla por tecla, un manojo de su servidumbre deja pasar con la puerta entreabierta.

(¿Sueñas despierto?)

Un poco de rabia, ira, abismos, volver a encontrarme con el club de los cinco, saludas te vas, vas y vuelves, las sonrisas pausadas, un poco de lástima, alegría, hasta deidades.

Soñoliento me encuentro a mi izquierda con la confusión a mi derecha con el llanto al frente la desdicha,

Largas horas marcan el amanecer de la tarde ¿Marcos vamos? Se oye venir a lo lejos del burdeo

Ruega por nosotros pecadores a la hora y en la hora de nuestra muerte se oye al caminar

Júbilos consientes que la tristeza jamás sería rechazada, pétalos amarillos oxidan el pasto del hedor pasional de tu inmensa razón

Risas jamás con llantos, tomé el papel en la mano y el puñal en el otro, el dinero los años de mi vida pudre lentamente

Se vuelve al congojo a la hora de marchar, mirada gacha, soy un nuevo errante cuando en un delta los caminos se vuelven a separar, hasta pronto (no te vayas)

Recuerdo cuando aquella fría mañana te conté los cincuenta y cinco secretos confusos alojados en mi izquierda, de cal y de arena

De portones negros y murallas bestiales, no dejaron pasar las palabras, las expulsaron del reino, jamás fueron oídas, sorda fuiste,

Errante en los túneles del infierno colgando de la cornisa se refleja lo que soy, ¿Qué soy?

El triste/mente poeta alojado en la izquierda de vuestra sombra

Un castillo esperó horas, quizás hasta días, sacrificó a todos sus sirvientes con tal de tener la mesa puesta para el príncipe de las causas perdidas


















Dicen que un poeta no sabe esperar, su inspiración solamente llega, lo mismo pasa en la vida si la inspiración llega no puede hacerte esperar.
 

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