El día y la noche-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Es la noche y un sombrero.

Donde mitigo los campos vertebrados.

La desidia autónoma de las flores.

Aquellos minutos pasados en los vertederos.

Las sonrisas quebradas de los niños extranjeros.

Las pálidas manecillas de los relojes inexplicables.

O las marcas de cacahuetes rociadas por aerosoles.

Es la noche y quizás el caos.

Son las manos que regresan del excremento

sin fortuna.

Son los labios diminutos de un sapo que se estira.

La costra enorme de una lluvia que no termina.

El arenal inmenso y la tierra llena de termitas aladas.

Es la noche y el sonido.

Las húmedas balas de lana que giran con el viento.

Las cosas tiradas produciendo sombras y gestos.

Los puñetazos dados al aire, las medias desteñidas.

El alarido bestial de un perro agonizando.

Muerto de miedo.

Y ahora quizás, es el día.

Catálogo desordenado lleno de luz y silencio.

Siempre corregido. Alguien que grita y un perfume

desvalijado.

Es el día sí. Una figura y una torre de cristal

desvanecidas. Y lo que llena los ojos de lágrimas.

Luminoso y claro, abriendo las pupilas. Es el día.



©
 
Es la noche y un sombrero.

Donde mitigo los campos vertebrados.

La desidia autónoma de las flores.

Aquellos minutos pasados en los vertederos.

Las sonrisas quebradas de los niños extranjeros.

Las pálidas manecillas de los relojes inexplicables.

O las marcas de cacahuetes rociadas por aerosoles.

Es la noche y quizás el caos.

Son las manos que regresan del excremento

sin fortuna.

Son los labios diminutos de un sapo que se estira.

La costra enorme de una lluvia que no termina.

El arenal inmenso y la tierra llena de termitas aladas.

Es la noche y el sonido.

Las húmedas balas de lana que giran con el viento.

Las cosas tiradas produciendo sombras y gestos.

Los puñetazos dados al aire, las medias desteñidas.

El alarido bestial de un perro agonizando.

Muerto de miedo.

Y ahora quizás, es el día.

Catálogo desordenado lleno de luz y silencio.

Siempre corregido. Alguien que grita y un perfume

desvalijado.

Es el día sí. Una figura y una torre de cristal

desvanecidas. Y lo que llena los ojos de lágrimas.

Luminoso y claro, abriendo las pupilas. Es el día.



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Un poema lleno de emociones encontradas donde siempre en hay luz al final del túnel, muy grato leerte Ben , un cálido saludo de Alma.
 

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