El displiscino (La displicencia)

Manuel Abrahan

Poeta recién llegado
Tormentos y destinos encontrados,
el paraíso y el jardín que ya florece
en cada historia suburbana de vivencias,
que vuelca la ciudad con fuerza oculta
como esa catarata de hojas libres,
que caen a los pies en cada otoño
presagiando la ilusión de un vuelo eterno.

En un encierro con pasajes de esperanza
se encuentra un cielo iluminado que refleja
solemnemente los deseos que se estrellan
en ese techo que provoca tantos sueños,
que en perspectiva va amenguando injustamente
hasta soltar los pensamientos y perderse.

Mientras esperan los sonidos de la mente,
volcar ruidosos, ansiosamente y sin nostalgias
los sentimientos que en un cuerpo se desvelan,
por recorrer hasta otro cuerpo que en el tiempo
y a la distancia, espera esquivo una caricia
que descubra, pacientemente sus delirios y su suerte,
para no caer tan tristemente en el olvido.

Mezclando entonces admirado una sonrisa,
que acompañando con orgullo a una mirada,
va descubriendo en su interior lo que anhelaba
y se despoja imperturbable de su angustia,
al penetrar tan libremente en otra vida
que sin saberlo desde su alma lo esperaba.
 
Última edición por un moderador:
Tormentos y destinos encontrados,
el paraíso y el jardín que ya florece
en cada historia suburbana de vivencias,
que vuelca la ciudad con fuerza oculta
como esa catarata de hojas libres,
que caen a los pies en cada otoño
presagiando la ilusión de un vuelo eterno.

En un encierro con pasajes de esperanza
se encuentra un cielo iluminado que refleja
solemnemente los deseos que se estrellan
en ese techo que provoca tantos sueños,
que en perspectiva va amenguando injustamente
hasta soltar los pensamientos y perderse.

Mientras esperan los sonidos de la mente,
volcar ruidosos, ansiosamente y sin nostalgias
los sentimientos que en un cuerpo se desvelan,
por recorrer hasta otro cuerpo que en el tiempo
y a la distancia, espera esquivo una caricia
que descubra, pacientemente sus delirios y su suerte,
para no caer tan tristemente en el olvido.

Mezclando entonces admirado una sonrisa,
que acompañando con orgullo a una mirada,
va descubriendo en su interior lo que anhelaba
y se despoja imperturbable de su angustia,
al penetrar tan libremente en otra vida
que sin saberlo desde su alma lo esperaba.


La vida de algunos puede llevarlos a la desconfianza, la indolencia, la apatía de vida y a la displicencia, pues al final somos como los perros, nos tratan con amor, damos amor, nos lastiman, mordemos...
Lo bueno es que siempre podrá llegar alguien que nos muestre lo que no se conoce y se necesita.

Lindo poema!
Saludos
 
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abrazo.bmp






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